Mientras tanto 

Una vez guardé un documento en el ordenador con el nombre ”mientras_tanto.odt”. Sabía que esas dos palabras no habían surgido del azar, que no había sido una ocurrencia (mi disco duro humano no da para ocurrencias), pero tampoco acertaba a localizar qué, cuándo y dónde estaba el título original de esa expresión que evoca la modestia, la humildad ante lo que vendrá, incluso una actitud en guardia. Lo que cuento es de hace cuatro o cinco meses, al menos; hoy, el azar es primo hermano de la paciencia, he desatado el nudo.

¿Nunca te ha sucedido que lees algo de hace muchos años y tienes que mirar la fecha de publicación porque parece que estás leyendo sobre el momento presente? Eso es marxismo puro, claro, la historia del capitalismo como déjà-vu, flashback o rueda de molino. En estos días vacacionales, entre lecturas contra la desconexión, estoy leyendo un buen tolete de textos de Manuel Sacristán, intelectual productivo que luchó hasta su muerte, en 1985, por dar forma a una cultura obrera alternativa al pensamiento dominante, frente a esa intelectualidad “amiga circunstancial de la clase trabajadora” que tanto ha sufrido la historia del movimiento obrero.

Sacristán fue militante del PCE, se enfrentó al eurocomunismo de Santiago Carrillo y abogó por incorporar el feminismo y el ecologismo a las prioridades de la izquierda anticapitalista, y lo hizo sin pelos en la lengua, apostando por lo que hoy definimos como ruptura democrática: “No es posible conseguir mediante reformas que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible”.

Su crítica a la actitud de dirigentes y parlamentarios del PCE de la etapa de Carrillo suena tan contemporánea que parece surgida de documentos de la última Asamblea Federal de Izquierda Unida: “La alternativa es cambiar la concepción de la política, prestando mucho mayor interés a la sociedad, a las poblaciones, al estado de consciencia de éstas respecto de los peligros que las amenazan, y renovando en los parlamentos la vieja función cultural de caja de resonancia de las auténticas necesidades de la clase trabajadora”. 

Buena parte de estas lecturas provienen de la labor de Manuel Sacristán como fundador, director y editorialista de una revista que nació en 1979 y duró hasta casi su muerte. El nombre de la revista, Mientras tanto, también es de rigurosa actualidad: la hoja de ruta aprobada en la XI Asamblea Federal de Izquierda Unida consiste, precisamente, en responder a la pregunta ¿qué hacer?  

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