Mientras tanto, haciendo acopio

La profe de piano de mi hijo le contó ayer algo así como que la melodía y el acompañamiento se complementan igual que el solomillo con las patatas. Mi hijo le respondió que a él le gustan más las patatas. Ambos rieron (y creo que ella está de acuerdo).

Mi generación ha conocido los futbolines, luego las tragaperras de Space Invaders y ahora las redes sociales; hemos viajado en las individualistas décadas de los 80 y los 90 del siglo pasado, y vivido como personas adultas la crisis más brutal y su respuesta ciudadana en el 15M. Con toda esta información y experiencia, he asumido que un silbido no hace sinfonía y que la voz solista más potente es el coro (no me riñas, Paca Sánchez), que sólo un esfuerzo coral es capaz de generar complicidades y unión en la diversidad con mínimas garantías de perdurabilidad.

Y sin embargo, minuto 43’50”. Isabelle sube a un taxi. Al cabo de unos instantes, inicia una lenta conversación con el taxista.

-Señor, ¿Cómo está usted, está bien?
-¿Cómo?
-Se lo pregunto porque yo no estoy bien y me preguntaba si… usted estaba bien. No me apetece hablar de trivialidades.. Me apetece hablar y saber si es feliz con su vida.
-Bueno… hay días y días.
-Yo voy para casa. He tenido un día… muy difícil.
-¿Quiere que ponga música? ¿O prefiere estar en silencio?
-¿Y usted?
-Podríamos poner algo de música. Si le parece, pongo la radio, creo que nos vendrá bien.

Suena melodía de jazz, suave, piano y saxo, y yo habría querido estar sentado en el taxi, aunque sé que sólo es una película, de la misma manera que hay momentos que nos hubiera gustado atrapar, hacer una reserva emocional, un acopio de escenas de escapismo, ahora que hasta hablar por Whatsapp parece ya algo obsoleto.

P. D.: Esta crítica de ‘Un (bello) sol interior’ es adorable:

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