Memoria sonora de 2016: La vie devant soi

Dos previas:

Primera: no dar por hecho que el libro de los gustos está en blanco, ni que sobre gustos no hay nada escrito. De la misma forma que nos meten por los ojos qué pensar, qué noticias son las que tenemos que leer o quiénes son los buenos y los malos de la película, también nos meten con calzador qué libros, qué canciones o qué cine tenemos que comprar, ver, escuchar. El espíritu crítico es un todo cultural, en el sentido gramsciano de la acepción.

Segundo: no dar por hecho que lo mejor es nuestra década prodigiosa, aquella en la que éramos jóvenes y nos burlábamos de los gustos de nuestros padres. No hagamos lo mismo que ellos, actualicemos nuestros registros, la buena música no murió en los ochenta (para mi generación), ni todo es un remake de los sesenta-setenta (la generación anterior).

Y una tercera: pese a la Primera y la Segunda, que cada cual escuche, lea o vea lo que le parezca, que aquí nadie está para dar lecciones 😉

En faena. 2016, el año de los testamentos musicales de Bowie y Cohen, el del testamento del hijo de Nick Cave, difícil extraer tanta belleza de la tristeza. 2016, mi año Tariverdiev, el gran descubrimiento de un compositor alquimista capaz de entreverar jazz, vientos helados de la estepa rusa y el sonido de un bistro francés de los años en que Cortázar andaba persiguiendo a la Maga. Capaz de encajar en mi playlist con el último álbum de canciones (o fotografías) de Vincent Delerm, tal vez el primero de la fila, pero a escasos centímetros de distancia de Françoiz Breut.

Durante los últimos diez años he tenido que devanarme los sesos cada vez que llegaba diciembre y me planteaba recopilar aquí la música que me había acompañado en el camino. Este 2016 me lo ha puesto fácil la tecnología: Spotify me regaló hace unos días más de 6 horas con las canciones que más había escuchado en estos doce meses. Ninguna sorpresa respecto a lo que tenía en mente, ni siquiera ha faltado el perejil de la banda sonora del videojuego Minecraft, los Responsorios de Vitoria (tu culpa, Paca Sánchez) o temas heredados del año anterior y que no he podido dejar de escuchar este (Alberto Montero y Nacho Umbert). Lo que no dice Spotify, obviamente, es que la voz más bonita me sigue pareciendo la de Caroline Polachek, la cantante de Chairlift, ni que si tuviera que elegir la mejor canción del año, casi sin dudarlo me quedaría con esta:

2016 ha sido el año de la reconciliación del abuelo electrónico (Jean Michel Jarre) con sus hermanas y hermanos (Hans Zimmer, Gary Numan…) y descendientes (Julia Holter, Primal Scream, Sébastien Tellier…); el año en que las nuevas tendencias nórdicas siguen irradiando calor hacia Europa (Johan Johannsson, Trentemoller, Jenny Hval, Ólafur Arnalds) y demostrando que la revolución también se baila (excelentes The Radio Dept., revisitando a los Pet Shop Boys y a los New Order más politizados, lamentándose del avance del fascismo y zurrándole al gobierno sueco por su carrera armamentística y su política migratoria).

En nuestro país, 2016 también se ha ideologizado musicalmente hablando. León Benavente, Joan Colomo y beGum, cada cual en su estilo, han dado la mejor nota. Antonio Luque (Señor Chinarro) ha vuelto a hacer excelentes canciones con excelentes letras (impresionante El castigo). De nuestra vecina Portugal vuelvo a quedarme con Rodrigo Leao, un clásico, y las clásicas PJ Harvey y Enma Pollock las he compartido con nuevas voces como Jeanne Added o Katy Goodman & Greta Morgan (que han hecho un precioso disco de versiones).

Fuyiga & Miyagi, Junior Boys, James Blake, Porches, Ben Watt, Daughter, Tindersticks… sólo los menciono, pero han sido muchas las horas en que han estado presentes, en mis momentos de lectura, viajando o antes de dormir.

Todo este torrente de sonidos, casi 500 canciones y más de 40 álbumes, me hacen pensar que el año 2016 volverá a dejarme buenos recuerdos musicales para cuando, en un futuro lejano, mire por el retrovisor y piense en hechos, anécdotas, historias que sucedieron en este tiempo y, al ponerlos en pie, lo haga con banda sonora adherida a la memoria.

 

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