20.09.2020

Luna de agosto, neoanglicismos, placeres familiares

La suerte de haber podido poder disfrutar de algunos días de desconexión (al menos parcial) gracias a la generosidad de familiares y personas queridas; de poder acompañar al Caballero de la Triste Figura desde Argamasilla de Alba hasta el Puerto del Rey, y vuelta; de poder observar el cielo azul y la luna de agosto desde un balcón privilegiado, sin contaminación de luces y ruido. A pesar de algunos desatinos de la vida ajena, que afectan a la propia, la vuelta a la normalidad, ni nueva ni normal, es regeneradora, y me siento afortunado de tener la sensación (al menos de tenerla, digo), de haber aprobado algunas asignaturas que tenía pendiente del curso anterior.

Mi hijo en un juego de Roblox, on line con dos amigos; son personajes de una ciudad, intercambian cosas, animales y gadgets. No dejan de utilizar los términos «montables» y «volables» para referirse a abejas, koalas o tortugas. Al intercambio lo llaman ‘tradear’, supongo que importado (casi impostado) de algún youtuber. No tengo un juicio formado sobre la ebullición neoanglicista en las redes de Internet (mi hijo y sus amigos también usan palabras sudamericanas, cheto/chetado a cada poco), mucho menos sabiendo que la Academia que vela armas por el castellano está ponzoñada con tipos tan lageados como Pérez Reverte o Cebrián.

Otro palabro que usan mi hijo y sus amigos, sobre todo en Brawl Stars, es «focus». Hacer focus, por echar un símil de la vida real, es la obsesión de los terraplanistas negacionistas con el COVID-19. Sobre esa cantinela, leo en Twitter: «Es curioso que del aire acondicionado no haya negacionistas». En el RT: «Ni de las anestesias en el dentista»; y un comentario: «Lo que no hay son anticonceptivos homeopáticos. Poca broma».

Uno de los placeres familiares de este verano fatal está resultando ser algo tan propio como sentarnos a comer sandía (o melón) cortada en trozos pequeños, a la hora del aperitivo. El protocolo completo es parte contratante fundamental del placer familiar: trocear la pulpa roja en dados, dividirlo en tres cuencos, poner los tenedores. Las pequeñas cosas, a veces, son como el azúcar en el té: todo lo endulzan.

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