Los cuadernos que me quedan por escribir

Marx escribió cientos de cuadernos. Muchos los llenaba con extractos, apuntes y comentarios aquí y allá sobre los libros que leía. En una carta a su hija Laura lo contaba así: “Soy una máquina, condenada a devorarlos (los libros), para arrojarlos después en otra forma al estercolero de la historia”.

Algunas veces me he planteado hacer algo parecido. Algo a medias entre lo de Marx –salvando las distancias, por favor- y aquella forma de contar la vida que cantó Serrat en No hago otra cosa que pensar en ti. En estos tiempos modernos lo tendría –lo tengo- más fácil: dispones de un smartphone donde apuntar lo que vas viendo, redes sociales para compartirlo inmediatamente, incluso espacios instantáneos en los que colgar fotografías… y todo eso sumarlo cada noche, como hacían y hacen muchos, en una pantalla para siempre (en el estercolero de la red de redes).

De hecho, en ocasiones he hecho algo parecido. Cuando ha habido ratos disponibles, a veces robados al sueño nocturno. En este mismo blog. Pero la posibilidad de mantener esa constante día a día, con la velocidad de las horas, no siempre da para soportar tanto esfuerzo (en mi caso: seguro que él, Marx, sí lo soportaría).

La semana va de teléfono echando humo. Incluso almorzando hoy, mientras sonaba Héroe de leyenda en el bar, alternando llamadas y whatsapps, aun a riesgo de equivocarme de mano y provocar un estropicio. La cancioncilla de Bunbury suena diferente a cuando salió, envejece de una manera extraña, no sé si en aquellos años teníamos más prejuicios, o es una cierta melancolía de lo analógico.

Ayer mantuve un encuentro con María José Wanceulen, la secretaria provincial de Sanidad de CC.OO, para conocer la situación de las trabajadoras de la lavandería del Hospital de Valme. Esas 22 personas que se niegan al cierre de las instalaciones, más otras 82 que hay en el Virgen del Rocío, son mi preocupación como coordinador de IU Sevilla. Luego, al volver a la sede provincial, vi a cinco trabajadoras limpiando la calle, con sus chalecos reflectantes, seguramente contratadas por el ayuntamiento para cubrir los meses de verano. Como coordinador de IU Sevilla, esas 4 mujeres, su precariedad, la de sus familias, también son mi preocupación.

Por la tarde estuve celebrando el cumpleaños de mi hijo, con sus amigas y amigos. Ese pequeñajo de 9 años, que parece mentira cómo pasa el tiempo, también es mi preocupación, como padre, como alguien que siente ese gracias a la vida / que me ha dado tanto, con la mirada puesta a un futuro donde el ser humano se pueda realizar como individuo y también como especie.

Creo que la mejor forma de responder a un aluvión de muestras de cariño es seguir peleando por lo que creemos; y lo que creo, como dijo Fernández Buey hace ahora diez años, es que Marx sigue tan vigente como Shakespeare o Cervantes para los amantes de la literatura. La canción de Serrat terminaba así: “No hago otra cosa que pensar en ti / y no se me ocurre nada”. No es mi caso: me quedan cientos de cuadernos por escribir. Mil gracias, insisto.

Enlace permanente a este artículo: http://manololay.com/los-cuadernos-que-me-quedan-por-escribir/