Lo que no se dice

No sé si es políticamente correcto tener un blog y no utilizarlo como difusor de notas de prensa, megáfono de consignas o aparato de propaganda explícita, teniendo en cuenta que las cosas mediáticas andan escasas de lo que, en tiempos, denominábamos agitpro.

No sé si es políticamente sensato encabezar un post con una foto del «momento de después», justo cuando terminamos una rueda de prensa en la puerta del ayuntamiento de Santiponce para hablar de cómo una alcaldesa agota todas las recomendaciones del Manual de Malas Malísimas Prácticas Políticas, incluyendo la que podríamos denominar «Anexo del Clavo Ardiendo», una especie de último mandamiento que diría más o menos así:

Si todos los medios habidos y por haber no son suficientes para agarrarte al bastón de mando, echa mano de los tránsfugas.

Aquel Clan de la Tortilla que abandonó el marxismo y dijo adieu a Pablo Iglesias (me refiero al fundador del PSOE) se agarró al Príncipe de Maquiavelo y… perdón, me estoy enredando.

A lo que iba: el momento de después tiene un momento anterior a «el momento». Nuestra gente de Santiponce nunca deja de sorprenderme. Cuando se dice que un colectivo funciona como una familia, muchas veces se utiliza como expresión negativa, pero este no es el caso. Cuando en IU Santiponce ocurre algo, sus militantes se arropan como una familia de las buenas, es decir, con calor humano, cariño, compartiendo las tristezas y celebrando las victorias. Algo de culpa tiene nuestro Pepe López, que fue alcalde hasta que la máxima autoridad local, auspiciada por la única autoridad en el PSOE soy yo, les guste o no, y así seguiríamos subiendo hasta llegar a Suresnes y… perdón, vuelvo a enredarme.

No, ahora en serio. María Izquierdo y un servidor llegamos a las 10 de la mañana a la puerta del ayuntamiento de Santiponce y ¿qué nos encontramos? Pues ni frío ni nada, un montón de personas, compañeras y compañeros que estaban allí para recibirnos. Cuando llegó Antonio Maíllo, apenas unos minutos después, y decidimos vernos y charlar un rato, no tuvimos más remedio que convertir una visita al grupo municipal en una asamblea donde escuchar, más que escucharnos. Y luego, tras hablar con los medios, desayunamos juntos para demostrar, demostrarnos, que los conceptos política y compañerismo son antitéticos, interesados, oxímoron. Cualquiera visita la asamblea de Santiponce como quien hace la visita del médico, en vez de la visita a la familia. De ahí la foto de arriba, que muestra lo que no se dice, ni se ve, que es lo mejor de la trastienda política, eso que amortigua los sinsabores, las horas sin dormir, los kilómetros en las carreteras y el permanente echarte las manos a la cabeza ante tantas injusticias, miserias y problemas de la clase trabajadora.

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