Lo que aprendo con el fútbol

Me quedé asombrado cuando mi hijo me explicó lo que quería decir en este ejercicio de clase (básicamente: lo que tan bonito expresó Fernando Birri sobre la utopía). Lo he recordado mientras repasaba fotos para liberar mi teléfono de excesos, y justo después he visto en Twitter que se está compartiendo mucho un artículo con frases insólitas del fútbol, burlándose de algunas perlas gramaticales de jugadores ricos y famosos.


Es verdad que son para mondarse. A la chica que lo ha publicado le critican en algún comentario su intencionalidad elitista. No sé si era la intención, aunque creo que es un error atribuir al futbolista bruto lo turbio que hay detrás de ese deporte. Supongo que si todos los peloteros fueran como Menotti o Sócrates, el mundo del fútbol sería distinto, pero no por su condición de intelectuales, sino por comunistas.

A mí no me interesa demasiado el fútbol, pero he aprendido mucho de él.

El comunismo existió, sí. Fue durante dos tiempos de 45 minutos, en Wembley, cuando Hungría le ganó 6-3 a Inglaterra. Los ingleses jugaron individualmente y los húngaros en equipo.

Jean-Luc Godard, en ‘Nuestra Música’

Lo último que me emocionó fue un discurso de Zamorano, a quien creo haber visto cuando jugaba en el Sevilla (¿o fue el Madrid? no recuerdo). Lo vi en un vídeo, fue una charla que dio no sé dónde, en 2006, y que transcribí literalmente en un momento en que yo necesitaba -perdón por la cursilería- reconocer mi lugar en el entorno humano donde vivo.

Del Real Madrid yo me fui a jugar al Inter. Terminé ese año en el Real Madrid de figura, era prácticamente una figura importante dentro del fútbol europeo. Y me voy a jugar al fútbol italiano, al Inter de Milán, uno de los clubes más famosos de Europa. Llego como figura y entonces pienso “El 9 lo tengo para mí, lo tengo guardado”.

El Inter compra a Ronaldo. Entonces pensé: “Extraordinario, juego con el mejor futbolista del mundo a mi lado, es un agrado”. Pero lo primero que perdí fue el número 9. Así que ya empecé perdiendo algo. Y poco a poco fui haciendo amistad con Ronaldo, pero resulta que al poco tiempo también llega otro goleador fabuloso, italiano, el Toro Vieri. Así que imagínense. Mi puesto estaba asegurado, pero en el banquillo. ¿Qué tengo que hacer yo para poder jugar antes que estos dos monumentos, que esta dupla espectacular, de quienes todos los medios europeos hablaban?

Y descubrí… descubrí algo. Descubrí que tanto Ronaldo como Vieri, ninguno de los dos se sacrificaba por el otro. Yo sabía desde chiquito que los equipos no se hacen sólo con estrellas, faltaba alguien de sacrificio, alguien que echara una mano al compañero, alguien que corriera más que los demás, alguien que no solamente hiciera goles, sino que fuera el primer defensa. En el caso de ustedes creo que se llama “inteligencia de mercado”. Hay que estudiar a la competencia, analizar sus debilidades y fortalezas. Y buscar por dónde entrar, ¿no? Este objetivo estaba cerca, era convencer al entrenador. Y lo convencí. Corría más, me sacrificaba más, y como ninguno de los dos se sacrificaba por el otro, yo me sacrificaba por el equipo. Y al final, en los 5 años que jugué en Italia, tanto Ronaldo como Vieri tuvieron que alternar conmigo. Eso forma parte de un liderazgo que sin lugar a dudas lo fui ganando en la cancha, simplemente poniendo el pecho al servicio de los demás.

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