Leyendo: ‘El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010)’ (II)

Hacia 1910 había alrededor de un millón y medio de criados/as en Gran Bretaña trabajando en condiciones laborales propias de la esclavitud. A finales de ese año, Virginia Wolf personificó el surgimiento de la nueva clase obrera en «cambio del carácter humano» de su cocinero. Fueron los trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico y el empuje de las masas de mineros quienes lograron forzar los primeros cambios legislativos, como el seguro médico y del desempleo o la jornada laboral de 8 horas diarias.

Selina Todd cuenta que la gran huelga general de 1926, que paralizó el país desde el 4 al 12 de mayo de 1926, «fue una batalla por la ciudadanía económica: por el reconocimiento de que aquellos que trabajaban estaban contribuyendo a la riqueza del país, y por tanto merecían una parte de ella».

Esta «asombrosa demostración de la determinación de la clase obrera» terminó en derrota, pero fue una tremenda sacudida para el poder establecido, que utilizó todas sus armas -literalmente- «para proteger la propiedad, sus beneficios y privilegios».

«Canté ‘La bandera roja’ tan fuerte como pude entre el ruido de las ollas y sartenes, y pensé en papá y en todos los trabajadores pisoteados del mundo, casi llorando».

Winifred Foley, 20 años, en 1934, en su último día de trabajo en el servicio doméstico.

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