28.05.2022

Las palabras, el sexo y la muerte.

El sentido de Adiós al lenguaje (Jean-Luc Godard, 2014) está en la primera frase de la película: «Todos aquellos que no tienen imaginación se refugian en la realidad. Queda por saber si el no-pensamiento contamina el pensamiento». A partir de ese momento, durante algo más de una hora, la obra se desarrolla a base de imágenes rodadas con exceso o defectos de luz y color, filtradas o grabadas con un móvil distraído, extractos de películas o documentales, escenas típicas del último periodo de Godard: personas leyendo libros, imagenes contradictorias entre sí, alguien que dice una cita literaria a alguien o sobre un fondo bucólico (el mar, la luna entre las nubes, etc.). Y un perro, protagonista central del concepto que da titulo al filme. La he visto tres veces por dos motivos: uno, para exprimir todo su sentido; dos, porque solo estará disponible en Filmin hasta el 25 de enero; y tres, para apuntar un montón de frases aquí y así dejarlas para acudir a ellas cada vez que quiera.

La película continúa con la coincidencia entre el año (1933) en que el ruso Zvorykin inventó el televisor y el pueblo alemán dio la victoria a Hitler en las elecciones. Lo anoto aquí también, junto a todas estas frases y reflexiones, a modo de citas:

«Nos hemos acostumbrado a que el Estado lo haga todo, y en cuanto algo va mal hacemos responsable al Estado».

«Las democracias modernas, que convertirán la política en un campo de pensamiento aparte, predispondrán al totalitarismo».

«En realidad, Hitler no inventó nada».

«La filosofía es un ser para el que la cuestión de su existencia está en su propio ser, en tanto que este ser implique a otro distinto a él».

«Un Nobel del Literatura. Nunca se dan premios Nobel a la pintura ni a la música».

«La izquierda y la derecha se invirtieron, pero no el arriba y abajo».

— ¿Qué diferencia hay entre una idea y una metáfora?

Metaphorae. Pregúnteselo a los atenienses cuando cogen el tranvía.

«Solo los seres libres pueden ser extraños entre sí. Tienen en común la libertad. Pero es precisamente eso lo que les separa».

«No pudo convertirnos… en humilides». «¿Quién?». «O no supo. O no quiso». «Entonces nos convirtió… en humillados». «¿Quién?». «Dios».

«En Kinshasa un periodista me contó una historia sobre Mao Zedong. Le preguntaron qué pensaba sobre la influencia de la Revolución del 89. Hubo un gran silencio. Contestó que aún era pronto para saberlo».

«¿Sabes que en ruso ‘kamera’ significa cárcel y que los cigarros rusos son mejores para la salud que los americanos?» «¿Por qué?» «Porque apenas contienen tabaco». «Rusia no formará parte nunca de Europa». «No». «Si los rusos se convierten en europeos, nunca más volverán a ser rusos».

«Ahora que he visto lo que es la guerra, sé que si acabase, todos deberíamos preguntarnos: ¿qué haremos con lo muertos? Pero la guerra quizá solo ha acabado para ellos».

— Los dos grandes inventos, infinito y cero.

— No. El sexo y la muerte.

La música que suena en la película (de aquella manera), además de los clásicos (Chaikovski, Beethoven, Schoemberg…) es de Kancheli (compositor georgiano fallecido en 2019), Tavakova (compositora búlgara nacida en 1980), y Silvestrov (pianista ucraniano, nacido en 1937). En cuanto a la colección de frases, desfilan Conrad, Freud, Valéry, Dolto, de Fontenay, Derrida, Faulkner, Michelet, Artaud, Cocteau, Clastres y Badiou (que no es que yo las conozca: se listan al final).

PD: Una crítica que me representa la escribió Jordi Costa en El país y puedes leerla aquí.