19.10.2021

La muerte no acaba nada #NiUnaMenos

Dicen las crónicas que la llamada se realizó a las 5 de la tarde. A esa hora, mi hijo estaba patinando en el parque y yo andaba escribiendo en el blog. Un poco después, la sirena de la policía, y luego la noticia corriendo por los grupos de whatsapp, la ceremonia de la confusión y la indignación.

Y las preguntas y las respuestas, imaginar la convulsión de un barrio donde todo el mundo se conoce de algo, pensar en las hijas y los nietos, en el mazazo de aquella llamada a los oídos de la familia. Todos los crímenes son igualmente detestables, pero ninguno te atraviesa la conciencia tanto como cuando lo tienes tan cerca y todos los mensajes son clichés porque no acaban nada, no resuelven nada, te llegas a preguntar para qué el minuto de silencio ante las puertas del ayuntamiento, para qué la simbología y los hastag en las redes sociales, esa hermandad colectiva ante las cámaras de televisión que verán otros maltratadores y sus víctimas.

Cuando un asesinato machista tiene nombres y rostros cercanos, vivencias comunes que rememorar, calles y plazas donde ubicar el escenario del crimen, y comentas con tu gente lo sucedido y te das cuenta de que la muerte no acaba nada porque no impedir√° que vuelva a suceder, lo √ļnico que se te ocurre es que esta carrera de obst√°culos contra la percepci√≥n generalizada de que el patriarcado es lo natural, la costumbre, lo de toda la vida, exige un esfuerzo que debe ir m√°s all√° de las leyes, incluso de las mejores leyes posibles, y que s√≥lo un cambio de costumbres, no permitir ni un paso atr√°s en la pedagog√≠a de las relaciones humanas, generar sin descanso una especie de contracultura que, tal vez, no evite el instinto primario, pero s√≠ impida, de una vez por todas, la condici√≥n de dominio, de superioridad, de sentirse due√Īo.