La ilusión de la realidad

Jueves en Burguillos y viernes en Fuentes de Andalucía: los días empiezan a rodar, el trabajo permanente garantiza la adherencia, es la mejor sordina para combatir el ruido de fondo. Se habla del 42º aniversario de los asesinatos de Atocha y en Radio 3 suena una versión de ‘Gallo Negro, Gallo Rojo’, de Sánchez Ferlosio.

Cuando canta el gallo negro es porque se acaba el día / Si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría.

Escribe Andrés Amorós en ‘La gran crónica del siglo XIX en España’ que “Frente a la novela romántica, basada en el predominio de la imaginación, la realista tiene su fundamento en la observación” y que, en base a ello, se limita lo fantástico, está ambientada en época contemporánea, utiliza el lenguaje cotidiano, busca lo verosímil y pretende dar la ilusión de la realidad. En España -continúa Amorós más adelante- la novela realista se convierte en “novela de tesis”.

He empezado a leer los ‘Episodios Nacionales’ de Galdós a raíz de la entrevista que le hizo José Manuel Mariscal a Rafael Reig en Mundo Obrero; en esa entrevista, Reig dijo: “En un pueblo de siete mil habitantes como Cercedilla nos juntamos veinte personas a leer los Episodios Nacionales por orden, vamos por la segunda serie. Eso es marciano, a esa gente le hablas de Fernando VII y allí todo el mundo opina, y le cuentas de Florentino y preguntan que ese quién es. Es decir, que es posible generar espacios para enfocar la realidad de otro modo”.

Bueno, no sólo por esa entrevista, pero la anécdota fue algo así como cuando alguien muy querido te pone la mano en el hombro y te reafirma con la mirada.

No hay tesis sobre la condición humana sin polémica en el desarrollo de lo que ha ocurrido durante las dos últimas semanas a cuenta del pequeño Julen, cuyo cuerpo sin vida ha sido, por fin, sacado del fondo del pozo. No hay tesis, ni realista ni novelada, que atine sin sonrojo sobre el foco mediático cegador cayendo a plomo sobre Totalán, la peor sordina para decenas de pequeños julen anónimos que se dejan la vida en el Mediterráneo, los puertos cerrados al Open Arms y “ya no se embarcan los marineros porque el mar está lleno de niños muertos”.

Evidente: Nunca caer en el error de comparar desgracias.

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