29.05.2020

En los campos pueden calentarse quemando artículos sobre «el drama de los refugiados», dice Isaac Rosa, y estoy de acuerdo, incluso creo que deberíamos secundar su ejemplo, convertirlo en campaña, que no les jodan más la vida, y hacerlo extensible a los discursos de estos días a -22ºC en Davos, desde las palabras escritas en chino por Xi Xinping hasta las estupideces de Biden, pasando por la señora Mayo y las toneladas de celulosa que acumulan las burocracias de Bruselas, el FMI, el Banco Mundial o todo Sursum corda que se precie en este mundo de tejemanejes con el ser humano.

Ríos de tinta impresa en millones de hojas en todos los idiomas, palabras, cifras, gráficos y diapositivas de powerpoint pasadas a A4, con membretes de todos los tipos y todos los colores, siglas, logos, números de entrada y salida, grabados y sellos, hasta los antiguos folios que dejaban ver un galgo si los ponías delante de una bombilla. Todas útiles como yesca, en Grecia o Belgrado, en cualquier mísero cenagal de cualquier país africano, asiático, asediado por la más absoluta de las miserias, enfermedades y delirios de guerra. Todos esos discursos con mensajes tan biensonantes como hipócritas, tan bien interpretados por asesores de imagen, tanta basura ideológica envuelta en celofán, que hace el humo más negro y maloliente, con lazos de colores y confetis si fuera necesario para no decir nada, o decir lo contrario de lo que se piensa. Madera de los árboles reconvertida en pasta con o sin cloro, reciclada o de 100 gramos blanco nuclear, volviendo a ser leña para dar calor a los desarrapados del mundo: al menos que sirva para algo.

¿Ardería todo ese papel mojado donde se han escrito tratados internacionales, memorándums, Códigos de Buenas Prácticas, Constituciones y Declaraciones firmadas en la ONU? ¿Derretiría la escarcha de las manos, las piernas y los rostros desencajados de tantos millones de personas desplazadas, torturadas, vilipendiadas y arrojadas a las cloacas de las multinacionales de la manipulación?

Una gran hoguera, fruto de montañas en modo el papel lo aguanta todo, acuerdos incumplidos con autógrafos de líderes mundiales que se comprometen a acabar con el efecto invernadero, a salvar el planeta, a acabar con la pobreza, a evitar el gran vertedero Tierra en el que nos estamos convirtiendo. Desde el primer artículo sobre «el drama de los refugiados» hasta este mismo que estoy terminando, que tampoco sirve para nada, menos lumbre que un post-it, menos útil que un twit llamando a la rebeldía, diez FAV y cuatro «Me gusta». Menos mal que no lo saco por la impresora.

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