Por el corredor que no tomamos, hacia las puertas que no abrimos: Josep Fontana y la función social de la Historia

Si la Historia la escriben los vencedores, el presente es el mejor de los posibles. El pensamiento dominante escribe nuestro pasado como un progreso permanente (de la ciencia, la economía…), en el que cualquier camino alternativo que se hubiera recorrido habría resultado peor al que nos ha traído hasta aquí. 

La semana que viene se cumple un año de la muerte de Josep Fontana, el historiador de quien aprendí la importancia de la historiografía. Pocas palabra leí entonces tan hermosas como las que le dedicó Xavier Domènech:

Generaciones que aprendimos con él, según una feliz expresión de su maestro Pierre Vilar, a pensar históricamente nuestro presente, revistando incesantemente el pasado para ver en él no sólo los caminos que llevaban hasta nosotros y cómo se produce el cambio histórico, sino también, como le gustaba citar de T.S. Eliot, “por el corredor que no tomamos, hacia las puertas que no abrimos”: por el corredor que aún podemos tomar, hacia la puerta que todavía podemos abrir.

Traigo este texto (que se puede leer íntegro en eldiario.es) de uno de los políticos más brillantes -en su brevedad- que he conocido en estos años, como referencia para recomendar la lectura de ‘Los combates por la Historia de Josep Fontana’ en el número 7 de Nuestra Historia, la revista de la Fundación de Investigaciones Marxistas. Casi un centenar de páginas dedicadas al maestro Fontana desde múltiples puntos de vista, con artículos escritos por autores que pertenecen a tres generaciones diferentes de historiadores que trabajaron con él, como alumno/a, como compañero de edición (en las editoriales Ariel y Crítica), incluso como coleccionista de más de 50.000 libros.

De Pierre Vilar, el maestro que cita Xavier Domènech en su artículo, escribe Carlos Forcadell que “enseñó a Fontana que su trabajo de historiador solo valdría la pena si servía para explicar los problemas reales de la gente, si representaba un compromiso con el mundo en que vivía y si ayudaba a colaborar en la creación de una conciencia colectiva”. El artículo de Forcadell (Universidad de Zaragoza) se titula “Josep Fontana hoy y mañana: su lugar en la historia de la historiografía”, donde incide en la demanda de que la Historia, «dejara de ser conocimiento libresco para recuperar su legítima función de herramienta para la construcción del futuro».

¿Quiénes son los vencedores que están escribiendo, por ejemplo, la historia más reciente de nuestro planeta, la que tiene que ver con la crisis última, desde 2007-2008 hasta hoy? Escuchemos las tertulias de los grandes medios de comunicación, leamos los libros que recomiendan determinados espacios especializados (ensayos, pero no sólo: también las novelas ejercen su función evangelizadora), sigamos acríticamente los mensajes que nos cantan los titulares recomendados por Google, los HT de Twitter… En ‘La Historia ante el espejo’, el historiador Juan Andrade cuenta que “A partir de su lectura de Antonio Gramsci, Fontana aprendió que las ideologías del poder no solo funcionan como una falsa conciencia encubierta y difundida por intelectuales tramposos, sino como un discurso naturalizado en profesiones, disciplinas académicas, hábitos sociales, imaginarios compartidos y prácticas cotidianas”.

Quienes están escribiendo la historia más reciente descargan la responsabilidad de la crisis sobre los excesos del Estado del bienestar. Como dice el nobel Paul Krugman, «El movimiento de lucha contra el déficit nunca tuvo en realidad el déficit como objetivo. De lo que se trataba era de usar el miedo al déficit para destrozar la red social de protección». Por eso Fontana planteaba que “una vez decayera la reconstrucción del pasado como genealogía del presente la historia se revelaría como una trama compleja jalonada de distintas encrucijadas, donde no se tomaron los caminos más convenientes para las mayorías, sino aquellos impuestos por quienes tuvieron la fuerza o los recursos culturales necesarios para marcar el rumbo”. 

Pese a su pesimismo sobre el porvenir (Uno de sus últimos libros se tituló ‘El futuro es un país extraño’), Fontana no olvida que “La mirada renovada sobre el pasado podría ser una plataforma desde la que trazar una nueva orientación y desde la que coger impulso para el despegue. El futuro despuntaría como el ámbito para la redención de un pasado temporalmente derrotado”.

De cualquier forma, volviendo a la dedicatoria de Domènech, hay algo que hemos aprendido quienes tenemos en Fontana la obligación de mirar el punto de vista para entender mejor aquello que se viene mirando

De todo lo que sosteníamos en el pasado, hay algo que no nos avergüenza y de lo que no hemos renegado: el propósito de seguir luchando por un mundo donde haya la mejor igualdad posible dentro de la mayor libertad. En este combate no importa perder una batalla, porque sabemos que otros lo seguirán. E incluso si hubiéramos sabido de avanzada que era inútil, porque todas las batallas se perderían, habría valido la pena librarlas». Porque, como afirmaba en un pasaje especialmente querido por él de Paul Éluard, “otros las ganarán. Todos los otros”.

El número 7 (y todos los anteriores) de la revista Nuestra Historia te lo puedes descargar aquí: https://revistanuestrahistoria.com/

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