29.10.2020

En Santiponce, cinco años después

Al mirar los mensajes en el móvil esta mañana, Facebook me recordó que a las 21,09 horas del 23 de septiembre de 2015 escribí en Twitter: «Acabo de ser elegido coordinador provincial de IU Sevilla, reto que asumo con humildad, compromiso y conciencia de clase». En un instante de flashback se me ocurrieron muchas cosas, pero luego, mientras me arreglaba para llevar a mi hijo al colegio y salir de seguido a recoger a María Izquierdo camino de Santiponce, pensé en si los calificativos que asumí solemnemente entonces siguen vigentes ahora.

Más tarde, ya en Santiponce, nos aguardaban Pepe López, Mª José Suárez, Teresa Melgar y Juan Ortega. En la oficina municipal de este último compañero estuvimos recopilando datos sobre la evidencia: también en Santiponce han sido las comunidades educativas del municipio y el ayuntamiento quienes han tenido que suplir las carencias de la Junta de Andalucía en aspectos que son de competencia autonómica, como la puesta a disposición de personal, equipos de protección y material de desinfección de los centros educativos y sanitarios.

En los dos colegios de educación primaria y el instituto de secundaria, la situación de partida ha sido caótica: la información ha ido llegando a cuentagotas para realizar los protocolos de actuación antes de la entrada de los niños y niñas; los centros no han sabido cuál es su enlace en el centro de salud de referencia hasta el mismo día de la vuelta a las aulas; no se tenían noticias de los equipos de protección individual ni de lo necesario para combatir el Covid-19, etc.

En cuanto al mantenimiento de los edificios, al igual que en muchos municipios, el ayuntamiento ha tenido que asumir no sólo la limpieza, sino también la desinfección del interior y exterior de los centros escolares; además, el gobierno local ha tenido que hacerse cargo de la ampliación de la plantilla de personal de limpieza en los centros de primaria, con tres nuevas contrataciones que difícilmente se podrán mantener a partir de enero con los recursos de que dispone el municipio.

Respecto al centro de salud de Santiponce, ya es conocida por los gobiernos de Susana Díaz y el actual de Moreno Bonilla las lamentables condiciones materiales con que se atiende a sus más de 8.500 habitantes desde 2010, cuando las consultas y profesionales del centro fueron trasladados a unos módulos prefabricados instalados en la calle 28 de Febrero, a causa de los desprendimientos y fisuras detectados en el antiguo edificio que acogía este servicio. Por tanto, el Covid-19 ha traido bajo el brazo el colapso en la atención telefónica -generalizada, salvo casos urgentes, curas o extracciones- y la ausencia del servicio urgencias a partir de las 5 de la tarde, hora a partir de la cual hay que trasladarse al centro de referencia de Camas.

El colapso también se extiende al tiempo de espera en el centro y a las quejas por falta de sombra; en este aspecto, una vez más el ayuntamiento ha tenido que asumir un servicio que es competencia de la Junta de Andalucía, contratando a una persona para realizar el control de entradas, salidas, tomar la temperatura, dispensar gel, etc., lo que ha aliviado un poco la situación. Y, al igual que en muchos otros municipios de la provincia, también el ayuntamiento ha tenido que asumir la compra de mascarillas, geles, etc.

¿Por qué cuento todo esto con cierto detalle? ¿A quién le puede interesar?

Las dos preguntas anteriores vienen a colación con lo que he expresado al principio de este artículo, con las palabras «humildad, compromiso y conciencia de clase» y, también, con las personas que aparecen en las fotos del tuit que está encima de este párrafo; que cuatro imágenes valen más que cuatro mil palabras, vaya. Algo al respecto hablamos María Izquierdo y yo a la vuelta.

Aparte de eso, no me corresponde afirmar/negar si he cumplido con el mandato para el que fui elegido, ni si he sido digno sucesor de personas tan grandes que me precedieron (Sebastián Martín Recio, Concha Caballero, Manuel Gutiérrez Arregui…), ni si tenía que serlo, ni si me he acercado o alejado de las expectativas (¿expectativas?) según el momento o la circunstancia.

Durante los días de encierro por el estado de alarma, y después, y durante las mediovacaciones de agosto, y hasta esta mañana y ahora mismo… mi reflexión siempre ha girado sobre dos cuestiones básicas: la primera, si la persona de antes del 23 de septiembre de 2015 es la misma del 23 de septiembre de 2020 (no hablo físicamente, el deterioro orgánico, las canas… lo obvio); la segunda, si lo que yo quería hacer y ser como coordinador de IU Sevilla (y además dije que haría y sería cuando se me planteó la oportunidad), sabiendo lo que sabía e intuía entonces, es lo que he hecho y he sido durante estos cinco años. Un trabalenguas, pero con sentido.

Y la respuesta al párrafo aún es: no, en ambos casos. Al menos, en buena medida y durante una buena parte del tiempo. Sobre ello, mi reflexión es mucho más larga y llena de aristas/fisuras de lo que se puede poner aquí. En parte estoy hablando de inconformismo, de nunca dar pábulo a la complacencia; en otra parte, no hay por qué negarlo, de pegarte de cabezazos contra el muro. Incluso, apurando, podría preguntarme si es bueno o no ser lo que creí entonces que debía ser.

Reconozco que hay una parte maravillosa en este camino, que cada día del año ha parado en alguna estación que ha merecido la pena marcar en el mapa. Que he superado el vértigo y reforzado las convicciones. Que digiero mejor los sinsabores (propios y ajenos), aunque no dejen de existir y de seguir apareciendo. Con estos mimbres, me queda por resolver el futuro, que, como todo el mundo sabe, es quien dicta las leyes de nuestro presente.

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