El doble lenguaje

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Tal día como hoy, en 1926, el dramaturgo británico Bernard Shaw recibió el Nobel de Literatura. Cuentan que, en cierta ocasión, escribió a Churchill -con quien tenía pésimas relaciones personales y políticas- a propósito del estreno de una obra suya: “Venga usted con un amigo, si es que lo tiene”, a lo que Churchill contestó “Me es imposible asistir, acudiré a la segunda presentación, si es que la hay”. Qué dos genios de la oratoria, por mucho que uno sea polo opuesto al otro.

Esta mañana, tras dejar a mi pequeño en la escuela, me encontré un silbato olvidado en un banco del parque de San Rafael. Hay que estar alertas siempre, pensé. La verdad es que me da mucha vergüenza pararme a hacer fotos a estas cosas, por eso tardo a veces en retratarlas, espero a que no pase nadie, que nadie me vea, que piensen que… bueno, esas cosas de la timidez y del qué dirán, la educación judeocristiana, que afirmaría Torrijos.

En la Introducción al libro Escritos revolucionarios de Ché Guevara, Fernández Buey escribe un texto magistral en el que habla de “la tragedia de los revolucionarios sin revolución” y de “la farsa que representa la conversión de la tragedia del otro en camiseta o nadería para el consumo”. Qué manera más gráfica de decirlo, proverbial.

Guevara fue un hombre con un concepto muy rescatable, el de que no debe haber distancia entre la palabra y los hechos: un concepto contra la admisión del doble lenguaje; la idea de que sólo se puede dirigir a partir del ejemplo. (Ignacio Taibo II).

Nuestra revolución pendiente pasa por evitar el izquierdismo de café que cantara Victor Manuel en los setenta (“Porque no tengo valor para coger un fusil / y recomponer las cosas / hacer un mundo feliz / Porque me hicieron así / porque no tengo por qué / Y me da vergüenza ser izquierdista de café / por eso estoy aquí). Un camarada cantaor me dijo una vez que desconfió de Victor y Ana cuando se unieron al PCE, que los vio venir.

Lo cierto es que la inmensa mayoría de las personas no logramos siquiera concebir lo desencarnado ni lo absoluto. A falta del arrojo del Che, nos toca estar siempre alertas y actuar desde nuestro espacio y tiempo, procurando no abstraernos mirando al sol más de lo necesario o esperar sin razón, como estatuas de jardín botánico.

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