04.08.2021

Cuento

30122016

Dime, querida, nos conocemos desde hace cuarenta a√Īos, ¬Ņt√ļ recuerdas si nos hemos acostado juntos alguna vez?

No, nunca.

Pues entonces… ¬°lo mejor est√° por venir!

La Gran Belleza, Paolo Sorrentino, 2013.

 

Hace muchos a√Īos, m√°s de treinta, sufri√≥ una depresi√≥n. La depresi√≥n que sufri√≥ aquel adolescente era poca cosa, pero era su poca cosa. Le diagnosticaron una especie de complejo con un nombre muy gracioso, relacionado con la dependencia emocional de sus padres, el affaire principito de Saint-√Čxupery y la inmadurez Peter Pan; eso le dijeron, y le recetaron unas cuantas pastillas que le provocaron tres efectos, a saber: corrientes de agua bajo la superficie de un lago seco, inmunidad diplom√°tica ante las adversidades y reflujos de educaci√≥n judeocristiana.

Cuando se curó de la su poca cosa, los tres efectos, como tres corazones prestados, se le quedaron adheridos en la epidermis y se convirtieron en una especie de máscara. Ante tal tesitura, aquel adolescente aprendió a ser persona adulta y a combatir los asuntos exteriores (dicam quod sentio) con el misterio (que no ministerio) del interior (scribo quod sentio).

As√≠ que empez√≥ a escribir, y la gente empez√≥ a preguntarse. Conforme se iba reconociendo en lo que escrib√≠a, la gente se preguntaba por la distancia entre lo que sal√≠a de sus dedos y lo que sal√≠a de su rostro, sus ojos. C√≥mo semejante¬†cara de palo pod√≠a poner en un papel, o en una pantalla de un ordenador, o luego ya en un m√≥vil, lo que no se pod√≠a ver a pecho descubierto. Atr√°s qued√≥ la su peque√Īa cosa de la depresi√≥n adolescente, pero por delante el miedo a mostrar las corrientes profundas bajo el lago seco, la inmunidad facial y la barrera de los sentimientos, sobre todo a los hombres (no sea que digan que), sobre todo a las mujeres (no sea que digan que, peor todav√≠a).

M√°s de treinta a√Īos despu√©s, aquel adolescente ha cumplido cincuenta. Cuando le preguntan, no dice, pero escribe que va aprendiendo a conocerse y a reconocerse. Ha aprendido, por ejemplo, a utilizar la sonrisa como parapeto, escudo antimisiles. Ha aprendido, por ejemplo, a poner entre l√≠neas gracias a la vida que me ha dado tanto, pero sin ponerlo. Ha aprendido, por ejemplo, que no necesita ni pide m√°s de lo que tiene, porque tiene todo lo que necesita, pero sin ponerlo. Ha aprendido, incluso, que hay mucha gente suya que ha aprendido incluso a conocerle, a reconocerle.

Cuando no es capaz de abrazar o besar (no sea que digan que), a veces se acuerda y luego envía un whatsapp. Cuando le preguntan, las redes sociales son su salvación, una especie de pizarra del mudo de las películas en blanco y negro, pero tecnicolor en la distancia. Cuando reconoce, porque reconoce, que se queda atrás en la comunicación expresiva, a veces hasta lo dice. Incluso, ya es valentía, hay momentos en que se atreve a (sin dejar de preguntarse, pero qué atrevimiento).

Y como no es amigo de enviar mensajes cl√≥nicos, impersonales, hay d√≠as, como hoy, cuando¬†se va acabando el a√Īo, que le queda la educaci√≥n judeocristiana de sus padres, pero ya no su padre¬†ni su madre, que es capaz del doble tirabuz√≥n de escribir sobre su fortuna, la de tener a la gente que tiene, la de conocer a la gente que conoce, la de decir (en gen√©rico: tampoco hay que pasarse) cu√°nto quiere, ama, disfruta con la mera presencia¬†cercana o intuida de tantas mujeres que siente tan irrenunciablemente hermosas y tantos hombres que sabe tan irremediablemente camaradas.

Y no es que no piense que esta desnudez no tenga ese qu√© s√© yo de ad√≥nde vas; es que, ya reci√©n cumplidos los cincuenta y sin renunciar a principitos ni peterpanes, lo m√°s importante que le queda, gracias a ese le pese a quien le pese que van dando los a√Īos, no son ni las sedas ni los oros que no tiene, sino la convicci√≥n de que la vida no es tanto melancol√≠a como lucidez; que no es dolor, que es belleza. Adi√≥s 2016, feliz 2017.

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