21.09.2020

El objeto de la civilización

Primer día de vacaciones en casa (pero de guardia). Intento desayunar leyendo la prensa digital. En ocasiones, imposible: las webs de algunos diarios son paquetes de galletas, ya no queda espacio en la pantalla para leer, seis pulgadas sometidas al eufemismo mercantilista («mejorar la experiencia de navegación»), comerte las cookies, la publicidad en ventanas emergentes que burlan el bloqueo predeterminado, las aspas canceladoras diminutas o camufladas, la tentación del adulterio con mujeres mayores de 50 que viven «en la región de Dos Hermanas».

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Secretos, aforismos, obreros dandis y nieves perpetuas

Si quieres darte el placer de desvelar un secreto y que nadie lo descubra, cuéntalo en un libro. Algo así le he leído a Antonio Luque (Sr. Chinarro), no sé si en una entrevista o en su blog. A pesar de la saturación de memes y la superposición de medios, casi nadie se niega a entrar en los códigos que nos imponen como usuarios, así que me imagino la ilusión de escribir como un gesto de rebeldía frente al swipe y a los hablaítos, a los aforismos de Facebook, a las fotos y a los vídeos cortos en las redes sociales, a las cámaras de los móviles con captura de stories de diez segundos.

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Retales de la semana

Las 19,50 h. en Tokio, según Jazz Sakura Radio, que acompaña con sonidos suaves, de madrugada. Mi jornada laboral de domingo a viernes en confinamiento tiene un deje de maratón para amateurs, puedes parar para ir a la cocina, rallar zanahoria con manzana, pero mirando de reojo las horas fijadas para la cita por videoconferencia, las novedades de los pueblos para IU Sevilla Info, las noticias que llegan por las alertas de Google, las publicaciones de las redes sociales, las materias grises oficiales…

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Feliz 2020

Extracto de ‘Factores primos’ (Michael Foglerman) redibujado por Marcelo Lay.

Días de fiesta para acabar la década, escuchando mucho a Bach (su música es lo más parecido a Dios), jugando con mi hijo al badminton y leyendo en varias direcciones. Una de ellas me recuerda que cuando alguien dice que Jesucristo fue «el primer comunista», se está refiriendo al Cristo del Sermón de la Montaña. Lo dijo Hobsbawm (gracias, Manuel Tamajón), trasladándome al Proudhon de «la propiedad es robo», versión fresa salvaje del «nadie se hace rico de manera honrada» que suele defender Anguita y que, después de centenar y medio de páginas de ‘Franquismo, S. A.» soy capaz de firmar a hierro.

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