04.07.2020

105 Cumpleaños de Cortázar

Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta centavos, entre peloteros mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquel era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del Boulevard Saint-Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.

Gabriel García Márquez, El argentino que se hizo querer de todos.

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Homenaje a Otto Engelhardt

Otto Engelhardt fue un ingeniero eléctrico alemán que dirigió la Compañía Sevillana de Electricidad a principios del siglo pasado. Feroz enemigo del nazismo y defensor de la Segunda República, que le concedió la nacionalidad española en 1932, también fue director de la Compañía de Tranvías y, en la última etapa de su vida, fundó un laboratorio en San Juan de Aznalfarache, donde vivió hasta que fue fusilado por los fascistas de Queipo de Llano.

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51 años atrás

«Estos son tiempos de revolución. En todo el mundo los hombres se su levantar contra los viejos sistemas de explotación y opresión, y de la matriz de un mundo precario nacen nuevos sistemas de justicia en igualdad. Los descalzos y descamisados de la tierra se levantan como nunca antes lo habían hecho».

Martin Luther King, iglesia de Riverside (Nueva York), 4 de abril de 1967.

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Ramón Carande

De quien guardo una preciosa correspondencia es de don Ramón Carande, de quien me gusta recordar su respuesta a un periodista que le pedía que resumiese la historia de España en dos palabras: «Demasiados retrocesos». Nunca me dio clases, pero sí buenos consejos, y lo considero también como uno de mis maestros. En tiempos en que muchos teníamos la ilusión de que la universidad podía cambiar el día en que mudase el régimen, Carande me decía, en una carta escrita desde Extremadura en julio de 1970: «Lo único claro, me parece, es que nada debemos esperar de la universidad, incluso si expulsase ¿cuándo? a los policías, mientras imperen los docentes actuales. En lugar de ¿nuevas? universidades, sin profesores, necesitamos muchos miles de escuelas y maestros. Únicamente cuando lleguen a discurrir los españoles, discurriendo harán que se conmuevan las estructuras más reacias, y barrerán a las que ya están putrefactas». Cambió el régimen y se pudo ver que don Ramón había acertado en sus vaticinios sobre la universidad. Por otra parte, no está claro que los españoles hayan llegado realmente a discurrir. Intentó conseguirlo en su tiempo la Segunda República con su política de escuelas y maestros, y se organizó una Guerra Civil para impedirlo.

Entrevista a Josep Fontana en la revista de la FIM Nuestra Historia n° 3 (2017).