Tempus fugit

Agosto también tiene sus rutinas: la del mes inhábil, la de los cursos de natación y las escuelas de verano, la de quienes no tienen para vacaciones porque a duras penas hay para comer. El año pasado, tal día como hoy, estaba sin trabajo, cobrando el desempleo. A esta hora en que escribo -las ocho de la tarde- anduve precisamente en este mismo lugar, sentado en el césped de la piscina municipal. Ese primer día de agosto, que recuerdo mejor que anteayer, fue muy parecido al de hoy (lo cual no es necesariamente una apreciación despectiva), pero los muebles de mi cabeza de hoy son muy diferentes de aquellos: distintas preocupaciones, perspectivas, incluso maneras de ver los entornos más inmediatos. Sigue leyendo

Apaga la tele, enciende las calles

¿Y qué esperábamos? Es su oportunidad, la oportunidad de expulsarnos de sus reglas del juego, sabiendo, como saben, que, como dice un paisano mío, nuestro juego consiste en desbaratar la campanita. Pero avanzar por caminos construidos es perder otra oportunidad: la de construir caminos mejores. Así que tratemos de crear esos nuevos caminos. Dijo Julio Verne: Todo lo que una persona puede imaginar, otras pueden hacerlo realidad; nos quedan menos de cinco semanas en globo, muchos menos de 180 días para dar la vuelta al mundo.

Quienes no nos quieren en las televisiones, nos tendrán en el cuerpo a cuerpo. Quienes devolvieron las voces a sus casas, sustituyeron el mando de las plazas por el mando a distancia, quienes cortan nuestros hilos de conexión para tejer sus telas de araña mediáticas, lógicamente no nos van a dar ni un minuto de baile en este baile de perros / porque los gatos no quieren bailar. El hashtag #SinGarzónNoHayDebate vale, muy bien, es correcto, pero nos obliga a trasladar el debate a otros espacios. Tú eres parte contratante de esos otros espacios, esa voz necesaria para quienes no tienen voz. Apaga la tele, enciende las calles, el futuro tiene muchos nombres y muchas manos: el tuyo, las tuyas.

El doble lenguaje

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Tal día como hoy, en 1926, el dramaturgo británico Bernard Shaw recibió el Nobel de Literatura. Cuentan que, en cierta ocasión, escribió a Churchill -con quien tenía pésimas relaciones personales y políticas- a propósito del estreno de una obra suya: “Venga usted con un amigo, si es que lo tiene”, a lo que Churchill contestó “Me es imposible asistir, acudiré a la segunda presentación, si es que la hay”. Qué dos genios de la oratoria, por mucho que uno sea polo opuesto al otro.
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Escuela de calor

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Hubo un tiempo, ahora ni se me ocurriría, en que pensé que si montaba un bar lo llamaría como la canción más veraniega que ha parido el rock de nuestro país.

Tres décadas y todavía vivimos en un país en llamas. Qué haya espacios públicos dedicados a José María Pemán demuestra algo más que una transición inmodélica, demuestra que la cultura patria sigue premiando la vulgaridad y la pandereta que nos mostró Machado hace casi un siglo. Sigue leyendo

Luna de agosto

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No he visto la luna azul, sino esa primera luna de agosto, madre y señora del vino, que guía los pasos y cura el síndrome de septiembre (hasta que llega septiembre, claro).

Mes de aires acondicionados y estornudos, ideal para recordar la frase pirograbada en las sesenta y nueve varillas del primer abanico conocido de la historia, una leyenda en mandarín arcaico:

“Que tu brisa aleje la pasión verdadera”.

Cientos de miles de desplazamientos en coche, estampida humana hacia las cornisas de la península, y un maravilloso relato de Juan García Hortelano comienza “Caía la tarde, cuando los despachos han sido invadidos por una epidemia de poesía”.

Leo que Kafka, un metro ochenta y tantos de alemán en una Praga que ya hablaba checo, no era un triste ni un atormentado, sino un tipo alegre que tenía éxito con las mujeres. El siglo XXI rompiendo con los clichés, los periódicos hablarán pronto del síndrome posvacacional, pero no de los millones de síndromes no-vacacionales que sufren quienes un agosto tienen la misma nada de nada que una luna azul invisible. Menos mal que nos queda summertime.