Entre el cielo y el suelo

Análisis electoral: el único que ha acertado es Pablo Alborán.

VLADIMIR: ¿Qué? ¿Nos vamos?

ESTRAGON: Vamos. (No se mueven)

Aprender a esperar a Godot, en la terminología vulgar: “Hoy no, mañana”. Felices en sus púlpitos, olvidan los pálpitos del 15M, aquel PPSOE no me representan; olvidamos las enseñanzas del pacto andaluz; olvidamos que los desahucios, las reformas laborales, los rescates a la banca… memoria del porvenir; olvidamos que la vieja política oficial va a ocupar más de doscientas butacas en el teatro de sombras del Congreso. Qué tiempos aquellos, parece que fue ayer porque casi fue ayer. No hay nueva mayoría: la de Tancredi, la que gana en esta lucha de clases, seguirá con sus creepers, sus endermans y sus zombies. Sigue leyendo

Nexos

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Había un hilván pendiente entre una fecha indeterminada de la primavera de 1979 y el 14 de marzo de 2015. Entre aquel viaje en un Seat 127, padre, madre e hijo, casete de Rocío Jurado (“Cuando supe toda la verdad, señora, ya era tarde para echarse atrás, señora…), y este, 36 años más adelante, por la A92, el hijo ahora conduciendo, convertido en padre, música clásica en la emisora pública estatal y trasvase de deseos y roles por ley de vida.

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Parir felicidad

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Vas a parir felicidad, que diría Benedetti. La felicidad no es un concepto de uso político; se habla de derechos, de bienestar, pero no de la mayor de las aspiraciones que persigue el ser humano. No es un concepto electoral, no está en los programas de gobierno, si acaso aparece en los preliminares, en ‘modo saluda’, con foto y firma al pie del candidato o candidata de turno.

La felicidad es un término jurídico indeterminado. Lo utilicé mucho en las bodas que hice como concejal: decía que no aparecía en ningún código legal, la convertía en trinchera (de nuevo Benedetti), en medicina (García Márquez)… pero no recuerdo haberlo visto en ningún cartel de campaña. Ardería por cursi, supongo.

Garantizar pan, trabajo, techo y dignidad no lleva inexorablemente a la felicidad. Lo contrario, sin embargo, lleva inexorablemente a la tristeza y la depresión. Pero la felicidad, aunque te atraviese cuando tu hijo se te duerme en los brazos, cruzas una mirada cómplice o asistes a un momento cultural único, debería ser la columna vertebral de cada gesto, acto y compromiso de cualquier persona que se dedique a la política.

Ganemos Dos Hermanas debe aspirar a la felicidad del pueblo. Que hayamos decidido llamarnos además ‘Somos Pueblo’ no sólo es una referencia a nuestro origen. Queremos, como la Tierra a la que canta Benedetti, ver parir felicidad. Tal vez no sea un eslogan, tal vez sólo una utopía, pero para qué están los sueños, sino para perseguirlos.

No hay más opciones

Días de fiesta y puente en Sevilla, días de visita. Días de colas para pagar el sellito del coche y de personas que me cuentan que no podrán pagarlo, que deben el del año pasado y varios recibos de suministros. Mi mesa de despacho es un paño de lágrimas en el que resulta inevitable pensar que tú también podrías estar en el otro lado.

No pierdas nunca esa conciencia, me digo constantemente. Hay que romper el cristal de la ventanilla, desplazar el mostrador, sentarte a horcajadas en la línea roja. Cuando permitimos que lo trágico nos contamine con parte de su dolor, hacemos una afirmación de nuestro compromiso. Reafirmamos ese compromiso cuando asumimos las palabras de Benedetti al recordarnos que “Todo es según el dolor con que se mire”. Sigue leyendo