Somos redes

Recibes una carta del banco con un extracto de todo lo que gastas: cuánto en comida, cuánto en ropa, cuánto en discos, libros… lo saben todo, incluso más que tú. Conocen los nombres suecos de los muebles que hay en tu dormitorio, la marca de los aparatos electrónicos que tienes en la cocina y en la salita de estar, los productos de limpieza que usas para el suelo y si te duchas con Deliplus o Gamila Secret Original.

En Spotify saben qué música te gusta, incluso te hacen mix diarios con tus preferencias: francesa, rock, tecno, clásica, española… Los buscadores y las redes sociales saben qué te interesa y qué compartes: cuáles son tus ideas, tus hobbys, tu opinión sobre temas sensibles y de actualidad, lo que votas en las Change.org, incluso podrían ponerte en un aprieto si alguna vez has visto un vídeo porno, una película pirateada, o qué sé yo.

Pensamos que los plasmas, los smart TV y los móviles son ventanas por las que miras, pero podría resultar lo contrario: son puertas por las que te observan, como las telepantallas de 1984. Una app te identifica, la comisión más cara de una tarjeta de crédito es la que te cobra en especie.

Tu perfil en las redes sociales es el mayor filón de la historia de la humanidad. No porque trafiquen con él (que también), ni porque te controlen (que también). Tu perfil (y el mío) sirve para orientar el giro del mundo hacia tus necesidades, y también para enrocar tus necesidades, dirigirlas. No sólo eres lo que consumes y lo que comes: consumes y te comes lo que una vez soñaste ser.

Las cripto-monedas se cotizan mucho más que el oro, sobre todo tras el último ataque informático a escala planetaria. En nuestro país, los hackers han desconectado al grueso del IBEX y han sacado los colores al CNI. Los piratas del mundo virtual ya compiten con los piratas financieros, mano invisible que compra a las élites políticas para desvirtuar nuestras democracias y nuestras libertades.

Ante todo esto, tal vez no podamos hacer nada como clientes, pero sí como usuarios y también como activistas. Cuando yo era pequeño, se decía mucho aquello de “Si todos los chinos del mundo saltaran al mismo tiempo provocarían un terremoto”. Nuestra función en este asunto consiste en organizar ese salto, cada cual en su entorno, en su pueblo, en cualquier ámbito donde nos movamos. Cada persona es contingente al mismo tiempo que necesaria. Desde el 15M hasta las mareas y las Marchas de la Dignidad, pero también en la cola del desempleo, en las listas de espera de los hospitales y las urgencias, en las concentraciones contra los desahucios y hasta en la fila de la compra del supermercado. Quienes formamos parte de las redes sociales, a fin de cuentas, somos redes humanas.

Teoría

La libertad son los gatos.

Teoría política

La libertad son los gatos.

Atrápalos.

Manuel Fernando Macías, La criminal pasión de poseer (Libros de la Herida, 2007).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *