"En principio el alcalde prefiere que los aspirantes se agrupen en uniones temporales de empresas (UTE) ‘para que tengan opciones las pequeñas de la ciudad y no sólo los cinco o seis grandes grupos’, varios ya interesados. Sin embargo, entre las empresas de la ciudad la cautela es total y ninguna de ellas quiso hacer manifestaciones a este periódico. Sólo una empresa admitió que ‘estudia’ si participar o no en esta promoción".
Esto dice El Correo sobre las viviendas de Entrenúcleos. Sin embargo, por mucho que repaso y repaso el listado de las 77 empresas constructoras licitadoras, apenas encuentro a ninguno de esos "cinco o seis grandes grupos" que dice el alcalde. Sí encuentro a "las pequeñas de la ciudad", y a muchas pequeñas de otros pueblos y ciudades, la mayoría de ellas han hecho pequeños edificios de 10 ó 12 viviendas, rehabilitaciones de colegios, etc. Por eso la "cautela total".
Como sabes, nunca he sido partidario de llenar Entrenúcleos con 25.000 viviendas, la mitad de renta libre. Otra cosa es la necesidad de VPO, eso sí lo comparto. De las primeras ya no se habla, porque no está el horno para bollos, pero ¿y de las viviendas protegidas?
Hace muy pocos días me contaron, y me lo contó alguien muy importante en el mundillo, que a los grandes grupos no les interesa el tema, que es una locura, que no es el momento para embarcarse en proyectos tan costosos y con tan pocas garantías y que el problema de eso es que, hoy en día, sólo a las grandes constructoras las financiarían los bancos, todo lo contrario que a las pequeñas, porque éstas no podrían soportar tanta carga económica durante los tres años que, como mínimo, habrá entre el inicio de las obras y la entrega de las primeras viviendas. Más claro: que, aunque los bancos se los dieran, no podrán pagar los préstamos que necesitan para construir y urbanizar la zona. Por otra parte está el escollo de los demandantes, la mayoría jóvenes, muchos sin empleo fijo…
Por tanto, la pescadilla se muerde la cola: los grandes no quieren, los pequeños no pueden. Eso es lo que me han contado. Espero que se equivoquen. Y espero también que, para el futuro, los gobiernos locales aprendan que al obseso enfermo de indigestión no se le puede dar como remedio una fabada.