Distopía

Nos pasamos el día combatiendo la palabreja de moda (o al menos todos los días la mencionan en el programa El Ojo Crítico). A veces se consiguen avances, como cuando dos centenares de trabajadoras de los comedores escolares tuercen el brazo a la Junta de Andalucía y a los molinos de viento.

Son pequeños logros que rompen con la dinámica de la ‘utopía negativa’, la sociedad indeseable. El gran logro sería, al menos en mi opinión, que las personas que trabajan en esos mil comedores de escuelas públicas no dependan del concepto de negocio, sino de esos otros factores que nunca computan en el PIB: la calidad de los menús que comen niñas y niños, la garantía para sus madres y padres de que están en buenas manos y la seguridad de los derechos laborales de quienes trabajan allí.

En estos días, desde Izquierda Unida estamos confrontando la distopía social. Lo hacen nuestras asambleas, convocando actos y encuentros informativos sobre las cláusulas suelo (Écija, Puebla de Cazalla, Los Palacios, el viernes con la PAH en Bollullos de la Mitación…), proponiendo planes de salud municipales y defendiendo la sanidad pública, contra la pobreza energética, las canalizaciones de fibrocemento, apoyando a las mareas…

La utopía queda lejos, claro, pero el esfuerzo de las personas con las que trabajo cada día hace posible que la esperanza se mantenga. Esa sensación de cercanía alimenta, pero no engorda, y no sólo la veo en los ojos de la militancia, sino, si me apuras, en los grupos de whatsapp de IU en las comarcas, en la nueva página de Facebook del Aljarafe, en el agradecimiento de la gente. Queda tanto por delante, que no dan ganas de parar.

Un pensamiento en “Distopía

  1. Ese gran logro de que los trabajadores, la sociedad en conjunto, no estén sometidos a poderes ajenos, que no deducen ni dominan, representería el progreso de las actividades propias de la vida. Actualmente predomina la sociedad con tendencia a una actitud conformista, que opta por un “refugio” o algo parecido ante la carencia de bienestar, aunque parezca de ensayo. Esta antiutopía autorreproductiva, en la que estamos inmersos como en un círculo vicioso, cada día más incapaz de eludir de los golpes del destino, por su propia condición de personas, es victima de sus propios miedos. Hoy la vida se ha convertido en una especie de juego de la escoba, si te toca en en el momento inoportuno quedas fuera y no puedes controlar cuando será. ¡Sálvese quien pueda!, podría ser un buen lema para estos tiempos distópicos. El gran logro se reduce o se complica en liberarse la distopía del temor a esos poderes desconocidos, es decir a “disconformars” de de sí misma.

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