
Se va Moustaki y se estremece un pedazo de mi adolescencia. Mis profesoras de francés, la casete donde grabé sus discos prestados del instituto, las horas de sobremesa memorizando sus canciones fáciles de traducir y cantar.
Creo que fue él quien logró, con la humildad de sus letras, de aquel Manolo Lay de 16 ó 17 años, que llevaba sus apuntes de clase en una carpeta forrada con una fotografía de Yuri Andrópov, que acabase haciendo amistades peligrosas con trostkistas y anarquistas, amistades que hoy conservo y cultivo lo mejor que puedo.
Que la libertad y la Revolución Permanente sean tan sencillas de alcanzar como cantar sobre ellas. Leer más



