Paciencia, generosidad, constancia y la bandera

Leo en el prólogo de Teoría del lenguaje musical lo siguiente:

Como contenido trasversal de la programación de Lenguaje Musical nos gustaría que la música ayudase a desarrollar una especial sensibilidad hacia nuestros queridos amigos los animales, que tantas veces han visto vulnerados sus derechos. Deseando un mundo de bienestar para ellos, les damos las gracias por enseñarnos el valor de la paciencia, la generosidad y la constancia.

Poco después de leerlo, veo la foto del torero en Twitter (no sé su nombre, pero no importa).

Siglo con la la lectura de El siglo de la Revolución. Dentro del capítulo Restablecer el orden (1919-1929) leo que Cabaret Voltaire y Dadá nació en la misma calle que vivía Lenin, en Ginebra; y que Hugo Ball dijo: “cada palabra que se pronunca y se canta aquí expresa por lo menos una cosa: que está época humillante no ha logrado ganarse nuestro respeto”. Ojalá un dadaísmo nuevo nos traiga una misa de réquiem por ciertos viejos mundos, como el de la foto de las patillas.

Das Kapital

“Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno”. (F. Engels, Prólogo a la edición alemana del Manifiesto Comunista, 1883).

Se cumplen 150 años de la publicación de El Capital. La mayoría de las personas que nos declaramos comunistas hemos leído el Manifiesto escrito por Marx y Engels en 1848, un texto que tiene toda la “fuerza de un escritor al servicio de su causa por la que toma partido” (Althusser), que propone un programa de diez puntos para una alternativa de sociedad, sobre la base de la superación de la explotación y un justo reparto de la riqueza.

En el caso de El Capital, como apunta Alberto Garzón en su artículo para el diario digital Público, estamos ante “una obra densa y difícil. Leerla y entenderla requiere la dedicación de una ingente cantidad de horas de estudio”, a la que Marx dedicó cuarenta años de su vida. Por esa complejidad, y por poner un ejemplo reciente, sugiero el análisis que realizan las guías de David Harvey, escritas en formato conferencia y con un lenguaje de nuestro tiempo.

Recuerda Alberto Garzón que El Capital aspiraba a la comprensión exacta del funcionamiento del sistema económico capitalista, por lo que se trata de una obra ambiciosa y, por así decirlo, global. Tal fue el empeño que, por razones de salud y pobreza, Marx no pudo acabarla y tuvo que ser Engels quien lo hiciera, al menos hasta donde se lo permitieron los escritos legados.

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

La enorme importancia de la obra marxiana ha sido fundamental para dar soporte ideológico-cultural a la clase trabajadora a la hora de confrontar las desigualdades sociales generadas por el capitalismo en todas sus etapas. Dando por sentado que la clase trabajadora no nace con conciencia de clase y que a lo sumo la explotación nos hace rebeldes, ese soporte transformador que une lo social, lo económico y lo político, es el Partido Comunista.

Si los libros de Marx nunca se vendieron tanto como en esta crisis, si desde el análisis de la historia hasta los tuits ácidos de @UnMalPaso son capaces de cuestionar todo lo que leemos, vemos y oímos en las tertulias, en las intervenciones políticas, en los centros de trabajo, en la cola del paro y hasta en la panadería del barrio, es porque Marx y el marxismo lograron (y logran) crear una visión crítica totalizadora de la realidad que nos pretenden colar a diario como incuestionable e inevitable (desde la noche de los tiempos, pasando por el feudalismo, aterrizando en el There Is Not Alternative de Margaret Thatcher, sus precursores y herederos, hasta hoy). Y porque, se mire por dónde se mire y lo escribamos con letra gótica o de neón, la lucha de clases existe y la vamos perdiendo, vaya.

“La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”.

Una buena parte de los trabajos de Marx, Engels y muchos otros autores y autoras están disponibles (en castellano) en la página web https://www.marxists.org/espanol/index.htm. Concretamente, El Capital está al final del índice dedicado a ambos.

(Por cierto, ahora que estamos con el runrún del referéndum en Cataluña, aquí dejo una frase del Manifiesto: “Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí”).

El siglo de la Revolución

El 23 de febrero pasado The New York Times publicaba un largo artículo sobre «The Jobs Americans do» que comenzaba con este escalofriante párrafo: Olviden las imágenes de hombres con cascos de seguridad ante las verjas de las fábricas, de hombres con las caras ennegrecidas por el carbón, de hombres encaramados en lo alto de vigas de acero sobre la ciudad de Nueva York. El rostro emergente de la clase trabajadora americana es el de una mujer hispana que nunca ha puesto un pie en la fábrica. Ese ya no es el tipo de trabajo que gran parte de la clase trabajadora hace ahora. En lugar de fabricar cosas, con más frecuencia se les paga por servir a otros: por cuidar de los niños de alguien o por los padres de alguien; por limpiar la casa de otro.

Hace unos días compré y empecé a leer El siglo de la Revolución. Una historia del mundo desde 1914, recién publicada por Josep Fontana. Dicen quienes saben que Josep Fontana es uno de los grandes historiadores que tenemos, si no el que más. Rajoy no estará de acuerdo con esta afirmación, suponiendo que supiera de quién se está hablando.

En una magnífica (y afortunadamente extensa) entrevista en la revista Nuestra historia, Fontana dice que “La función del historiador no es anticipar el futuro, eso forma parte del profesional de economistas y políticos, sino la de tratar de explicar el presente a la luz de la evolución que lo ha configurado”.

Un libro de historia escrito por él no pasa desapercibido. En la crítica de Babelia ya lo advertían: El siglo de la Revolución muestra “una versión alternativa del mundo en que hemos vivido, y Occidente sale francamente maltrecho del negocio”. Dicho de otra manera: si nos engañan con el presente, qué no son capaces de reinventar del pasado.

En la introducción de la obra, el autor deja claro que su intención es acercarnos a interpretar el tiempo que vivimos hoy, marcado por las enormes desigualdades sociales, a partir de las causas políticas del pasado y no como mera evolución autónoma de las fuerzas económicas. Es decir, recuperando la política “como un factor histórico explicativo”.

Creo que, efectivamente, sólo desde esa visión global de lo vivido podremos entender cómo hemos llegado hasta aquí y ser conscientes de que la maquinaria no se para y que, por tanto, los fines y los medios no son universales, ni en el tiempo ni en el espacio.

Por eso, El siglo de la Revolución no sólo es recomendable como aprendizaje y reflexión: también como llamada a la acción. No es poco, culturalmente hablando.

Enemigo rumor

Hace un par de semanas me preguntó mi compañera Juana por whatsapp: “A qué te dedicas, coordinator?”

Aquí lo que estaba haciendo entonces:

Llevaba tiempo leyendo Poesía completa de Lezama Lima, que me regalaron en mi último cumpleaños. Tras Enemigo rumor se me ocurrió poner música a algunas de las imágenes que inspira en sus versos. Y luego, al revés: titular los temas con algunos de sus versos.

Aquí todos los títulos juntos -algo más de 20 minutos- en mi canal de youtube:

Macondo

“El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Hoy, cincuenta años después, todo lo que existe tiene un nombre porque tiene un precio; el dedo que señala es un emoji y, en ocasiones, somos igual que los habitantes de Macondo, vivimos el siglo XXI como indígenas que echan de menos una tierra que nunca existió.