Romance de El Aguaucho: la Memoria es vanguardia

Celebramos el primer Día de la Memoria en Andalucía tras la aprobación de la ley andaluza que rescata del ostracismo el recuerdo de las víctimas del fascismo en nuestra tierra. No es cosa menor: seguimos siendo el segundo Estado del mundo con más muertos desaparecidos en cunetas y fosas comunes.

La postmodernidad nos había machacado con la idea de que arte y propaganda no se llevaban bien, que era un error el coqueteo de la cultura con la política. Ahora, en plena excepción social, necesitamos arriesgar el concepto de propaganda como necesidad cultural, como objetivo de emancipación, como imperiosa urgencia para que la amnesia inducida no anule definitivamente nuestras conciencias y, sobre todo, las conciencias de quienes no tienen nada que extraviar porque nunca tuvieron (tuvimos) el recuerdo.

Por eso Romance de El Aguaucho no es una muestra de artesanía escénica contingente, sino necesaria. Las 89 veces que se ha representado esta obra del colectivo El Gallo Rojo hasta ayer en Mairena del Aljarafe (de donde partió y echó a navegar), han sido otras tantas oportunidades de desempolvar el libro de las personas olvidadas, las sólo recordadas en la tradición oral (de las mujeres de Fuentes de Andalucía, en este caso), las violadas, torturadas y mal enterradas, las arrojadas en un pozo que los fascistas no fueron capaces de tapar y que hoy, casi 80 años después, abren los ojos en los escenarios de la vida de las plazas, las escuelas y los teatros de nuestros pueblos.

Gracias a El Gallo Rojo, la memoria de nuestras víctimas son un relato de rigurosa vigencia, porque logra que una trágica historia no se repita como farsa, que sería abandonarla en el escondite del silencio. Quienes fueron asesinadas por acudir a la Casa del Pueblo a llenarse de dignidad, a aprender (y enseñar), a rebelarse, a reconocerse como seres humanos que no renuncian al futuro, nos dan hoy esa lección que otros intentaron truncar. Los asesinos y las veinticinco* mujeres (algunas adolescentes) asesinadas en Fuentes están hoy presentes: ellas como ejemplo, ellos como malnacidos. Es así como el pasado se convierte en vanguardia.

Por cierto, hoy cumplen 90:

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*He corregido la cifra gracias al comentario de Pepe Moreno.

Ceguera

A veces el arte es capaz de provocar mil interpretaciones, una por persona. Esta imagen, que he visto en El país, es de la performance Cegos, realizada por el Deviation Collective -un grupo experimental de la Universidad de São Paulo-, delante del palacio residencial del presidente brasileño.

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Envoltorios

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Hace casi nueve años exactos conocí la obra de Gilbert & George en la Tate de Londres. Fotomontajes de colores llamativos en tamaños inaccesibles para las paredes de nuestras VPO.

La aparente frivolidad de la propuesta estética de este dúo dinámico contrasta con algunas de sus opiniones (algo parecido sucede con otra pareja británica, celebrities del mundo de la música: Pet Shop Boys). La última que les he leído está en el libro de entrevistas Cómo piensan los artistas, de Fietta Jarque.
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Los gozos y las sombras

El sábado por la mañana paseamos con Marcelo por la orilla del río y visitamos el Mercado de Triana. Mientras lo llevaba de la mano, y disfrutábamos de las vistas y los olores, aún conservaba el runrún que me había dejado Nymphomaniac la noche anterior.

Recuerdo que cuando fuimos a ver Dogville, nada más comenzar la película y aparecer en pantalla “Primera Parte”, alguien del público dijo “¡Ya empezamos!”. Todos reímos, claro. Aquellas sonrisas acabaron en desasosiego, final explosivo incluido, cuando Nicole Kidman echó el telón. Sigue leyendo

Ergios, watios y turbinas

(Una ciudad para vivir, una ciudad para morir II, montaje fotográfico de Marisol Borrego/Pedro Carrillo, 2005)

Compras una pequeña oficina con tus ahorros de muchos años como autónomo. Firmas un contrato. Cuando la oficina se termina de construir, la promotora (Baremar) entra en barrena y lo deja todo en manos de Servihabitat, tentáculo inmobiliario de La Caixa. ¿Te suena?

Servihabitat te dice que tu oficina, al igual que el resto del edificio, se la quedó libre de cargas. Libre de cargas significa, en términos de sinvergonzonería aplicada, que de lo tuyo no saben nada. Es más: si quieres, están dispuestos a revenderte esos mismos cuarenta y pico metros que ya te vendieron en su día, y además ¡a mitad de precio! Sigue leyendo