Acerca de Manolo Lay

Coordinador Provincial de Izquierda Unida Sevilla.

#DebateIUand

Hoy no me he querido perder el debate en directo entre los compañeros Antonio Maíllo y José Luis Pérez Tapias, candidatos a la coordinación general en la próxima XXI Asamblea Andaluza de Izquierda Unida.

Un debate así requiere mucho más que un esfuerzo material (muy de agradecer), porque descorre los visillos de nuestra organización y muestra a corazón abierto una contraposición de ideas sobre lo interno y sobre el modelo de Izquierda Unida que queremos construir. Contraposición de ideas que, defendidas con pasión por Antonio y José Luis, han servido para enriquecer y aportar pluralidad a nuestro movimiento político y social.

El esfuerzo de nuestra gente de Comunicación ha merecido la pena. ¡Enhorabuena!

Si no has podido ver el debate en directo, aquí lo tienes en el Canal Youtube de IU Andalucía.

 

Paciencia, generosidad, constancia y la bandera

Leo en el prólogo de Teoría del lenguaje musical lo siguiente:

Como contenido trasversal de la programación de Lenguaje Musical nos gustaría que la música ayudase a desarrollar una especial sensibilidad hacia nuestros queridos amigos los animales, que tantas veces han visto vulnerados sus derechos. Deseando un mundo de bienestar para ellos, les damos las gracias por enseñarnos el valor de la paciencia, la generosidad y la constancia.

Poco después de leerlo, veo la foto del torero en Twitter (no sé su nombre, pero no importa).

Siglo con la la lectura de El siglo de la Revolución. Dentro del capítulo Restablecer el orden (1919-1929) leo que Cabaret Voltaire y Dadá nació en la misma calle que vivía Lenin, en Ginebra; y que Hugo Ball dijo: “cada palabra que se pronunca y se canta aquí expresa por lo menos una cosa: que está época humillante no ha logrado ganarse nuestro respeto”. Ojalá un dadaísmo nuevo nos traiga una misa de réquiem por ciertos viejos mundos, como el de la foto de las patillas.

Das Kapital

“Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno”. (F. Engels, Prólogo a la edición alemana del Manifiesto Comunista, 1883).

Se cumplen 150 años de la publicación de El Capital. La mayoría de las personas que nos declaramos comunistas hemos leído el Manifiesto escrito por Marx y Engels en 1848, un texto que tiene toda la “fuerza de un escritor al servicio de su causa por la que toma partido” (Althusser), que propone un programa de diez puntos para una alternativa de sociedad, sobre la base de la superación de la explotación y un justo reparto de la riqueza.

En el caso de El Capital, como apunta Alberto Garzón en su artículo para el diario digital Público, estamos ante “una obra densa y difícil. Leerla y entenderla requiere la dedicación de una ingente cantidad de horas de estudio”, a la que Marx dedicó cuarenta años de su vida. Por esa complejidad, y por poner un ejemplo reciente, sugiero el análisis que realizan las guías de David Harvey, escritas en formato conferencia y con un lenguaje de nuestro tiempo.

Recuerda Alberto Garzón que El Capital aspiraba a la comprensión exacta del funcionamiento del sistema económico capitalista, por lo que se trata de una obra ambiciosa y, por así decirlo, global. Tal fue el empeño que, por razones de salud y pobreza, Marx no pudo acabarla y tuvo que ser Engels quien lo hiciera, al menos hasta donde se lo permitieron los escritos legados.

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

La enorme importancia de la obra marxiana ha sido fundamental para dar soporte ideológico-cultural a la clase trabajadora a la hora de confrontar las desigualdades sociales generadas por el capitalismo en todas sus etapas. Dando por sentado que la clase trabajadora no nace con conciencia de clase y que a lo sumo la explotación nos hace rebeldes, ese soporte transformador que une lo social, lo económico y lo político, es el Partido Comunista.

Si los libros de Marx nunca se vendieron tanto como en esta crisis, si desde el análisis de la historia hasta los tuits ácidos de @UnMalPaso son capaces de cuestionar todo lo que leemos, vemos y oímos en las tertulias, en las intervenciones políticas, en los centros de trabajo, en la cola del paro y hasta en la panadería del barrio, es porque Marx y el marxismo lograron (y logran) crear una visión crítica totalizadora de la realidad que nos pretenden colar a diario como incuestionable e inevitable (desde la noche de los tiempos, pasando por el feudalismo, aterrizando en el There Is Not Alternative de Margaret Thatcher, sus precursores y herederos, hasta hoy). Y porque, se mire por dónde se mire y lo escribamos con letra gótica o de neón, la lucha de clases existe y la vamos perdiendo, vaya.

“La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”.

Una buena parte de los trabajos de Marx, Engels y muchos otros autores y autoras están disponibles (en castellano) en la página web https://www.marxists.org/espanol/index.htm. Concretamente, El Capital está al final del índice dedicado a ambos.

(Por cierto, ahora que estamos con el runrún del referéndum en Cataluña, aquí dejo una frase del Manifiesto: “Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí”).

Sobre la comparecencia de la Consejera de Salud por el fatal accidente del Hospital de Valme

Esta tarde ha estado presente Marea Blanca Sevilla en el Parlamento de Andalucía, asistiendo a la comparecencia de la Consejera de Salud para informar sobre el terrible accidente sucedido el mes pasado en el Hospital de Valme, donde murió Rocío Cortés, una vecina de Dos Hermanas. Mi compañero José Antonio Mesa también ha asistido al pleno.

En su intervención, la consejera ha dicho que todas las inspecciones periódicas del ascensor están en regla, que es la primera interesada en que se resuelva la investigación y se depuren responsabilidades, aunque ha concluido, ya de antemano, que “la Junta no tiene ninguna responsabilidad”, que desde el momento del fatal suceso se han puesto a disposición de familiares y de la investigación judicial. En su opinión, la actuación del SAS se ha realizado colaborando con la Justicia, y se ha hecho con garantías, objetividad y transparencia. También ha anunciado que el SAS se ha personado en la causa abierta por el tribunal competente.

La compañera de Izquierda Unida, Inmaculada Nieto, ha recordado que los problemas de mantenimiento y recortes denunciados por los colectivos de trabajadores/as (Asociación de Profesionales de Mantenimiento del SAS -APROMANSAS- celadores del sindicato USO) y de usuarios/as, el descenso de personal de oficio de las instalaciones sanitarias (21%), la externalización de los servicios hacia empresas poco cualificadas… etc., traen causa al deterioro de las instalaciones.

En el caso concreto del Hospital de Valme, nuestra diputada ha recordado que la adjudicación del servicio de mantenimiento de los ascensores se produjo en septiembre de 2013, por un importe de 354.000 euros, pero que la licitación inicial propuesta por el SAS salió en más de 600.000 euros, es decir, ¡menos de la mitad de lo que se calculó que costaría! Eso se llama baja temeraria, y está claro que ofrecer unos servicios por un precio tan bajo (aparte el beneficio empresarial) influye en la merma de la calidad del mismo.

Por otra parte, si, como ha afirmado la consejera, se han cumplido escrupulosamente los protocolos y la normativa aplicable, ¿no habrá que revisar éstos sí o sí, porque evidentemente han fallado? Así lo ha recogido Sebastián Martín Recio en twitter:

Inma Nieto también ha recordado a la consejera que no dice la verdad cuando ha afirmado que no se han presentado denuncias sobre el mal funcionamiento del ascensor, porque sí las ha habido, y están registradas, tanto en el hospital como ante la Inspección de Trabajo. ¿No es síntoma de que algo debía pasar cuando se registraron por escrito esas denuncias? ¿Por qué niega la consejera algo que se puede demostrar documentalmente?

En la web del Parlamento puedes ver las intervenciones completas en diferido (una vez subidas las imágenes de las sesiones).

Representantes de Marea Blanca Sevilla asistentes a la comparecencia de la consejera de Salud 

(Por cierto, en esta misma sesión plenaria también se ha aprobado el Proyecto de Ley de los Derechos y la Atención a las Personas con Discapacidad en Andalucía, que ha sido muy contestada por la oposición y por el público asistente).

Mundo ana¿lógico?

Un descuidero te deja sin móvil y el mundo se vuelve analógico de repente. Tu agenda de trabajo, tus contactos, tus fotos, tus itinerarios, tus documentos… hasta tus ocios, música, libros digitales, vídeos, todo lo confiaste ahí, dentro de un receptáculo de 5,5 pulgadas de pura tecnología itinerante.

Llegas a la oficina y tu compañera administrativa, al enterarse, te confirma en versión práctica y expeditiva que sin ese aparatito no eres nadie: envía centenares de sms a la militancia con el mensaje “informamos que el móvil de Manolo Lay no está operativo, si queréis contactar con él: 954502630 (mañanas); cuando se solucione os lo comunicaremos. Gracias”.

Llamas a tu móvil birlado y compruebas que está apagado; llamas a tu compañía telefónica y te dice que pidas un duplicado (7 euros), que a partir de ese momento dejará de funcionar la anterior.

Llamas a tu gente más cercana, de la que sabes sus números (se podrían contar con los dedos de la mano, porque ya no tienes agenda en papel ni memoria humana entrenada para recordarlos). Todo lo que antes llevabas en papeles, ahora lo llevas en una nube, conectada a un micronoséqué, almacenado en gigas prestados por el gran Fausto punto cero.

Sales a buscar la tienda del operador más próxima. Como estás acostumbrado al Maps, tienes que utilizar el método histórico para encontrar la dirección: preguntar a la gente en la calle. Cuando consigues encontrarla, aceptas con pesadumbre la siguiente esclavitud: como tienes permanencia, debes pagar (primero) tu deuda y (después) poner el terminal nuevo en 24 cómodos plazos. “Dame uno igual o similar que tengas aquí, no puedo esperar a mañana o pasado que lo envíen”, le dices a la comercial.

Por suerte, hay uno, de color negro (“ese mismo”) y encima te regalan un palo selfie (!!!).

Después de la multa, enciendes el nuevo chisme e intentas recuperar todo lo perdido. San Google, de paso, te da varias opciones previas para fastidiar al voleur: “Haz que tu teléfono suene a todo volumen -durante 5 minutos, oiga- aunque esté silenciado. También puedes usar el Administrador de Dispositivos Android para encontrar la ubicación de tu teléfono en un mapa”. Luego continúa recomendándote que bloquees el teléfono, que vuelvas a intentar llamar… y así hasta llegar a (sonido de truenos, please):

“Te recomendamos que borres tu dispositivo. Al borrar tu dispositivo, se impedirá que otras personas vean tu contenido. Si lo haces, ten en cuenta lo siguiente:
Es posible que Google no consiga borrar completamente todas las tarjetas de memoria del dispositivo
La función Encontrar tu teléfono y el Administrador de Dispositivos Android ya no podrán localizar, hacer sonar ni bloquear el teléfono
Perderás de forma permanente el acceso a toda la información del dispositivo de la cual no hayas realizado ninguna copia de seguridad últimamente en Google
El contenido del teléfono se borrará la próxima vez que el teléfono se conecte a Internet. Si no se vuelve a conectar, no se borrará”.

Etc…

“¡Mi privacidad!”, piensas.

Dices que sí a todo, sí bwana, y empiezas a descargar esas aplicaciones que te devuelven al mundo exterior. En red (de pesca). De regreso a la sede, nuevos sms tranquilizadores (“Informamos que el móvil de Manolo Lay ya está operativo, ¡gracias!”) y recopilación de llamadas perdidas, mensajes de whatsapp, telegram, etc… hasta recuperar la normalidad arrebatada… durante algo más de una hora y media. Un tiempo precioso, a saber cuál habría sido su equivalente analógico.

Estamos locos o era necesario.

Era necesario, estamos locos. No me quejo. Como una regadera.