Más prensa

Publicado el 30.11.2006  en cajón desastre  

El otro día estuve en la presentación del nuevo periódico, La Noticia. Aparte de algunos cotilleos sobre algunos de los y las presentes –no doy nombres, por si acaso, pero eran muy jugosos- tuve la ocasión de echarle un vistazo a los contenidos de la publicación y comprobé que el rebote que ha cogido Paco Rodríguez conmigo es brutal como un chaparrón bajo el puente de la Purísima Concepción. Y todo porque dije que si yo fuese él, después de las inundaciones, habría dimitido. Hay que ver cómo se pone la gente por una minucia.

maquinaBromas aparte, la cosa de la prensa local está calentita. Ahora tenemos casi un periódico al día, cada cual con lo suyo, y da la sensación de que hay pastel para todos, o sea, que pueden mantenerse con la publicidad que generan. No sé si este ritmo lo podrán mantener los nuevos, porque corren rumores acerca de motivos y afinidades hacia ciertos partidos y eso da a entender que acabarán su cometido cuando se celebren las elecciones municipales. Desde luego, puedo jurar que Izquierda Unida no tiene recursos ni para mantener una publicación semanal ni para influenciar en las existentes, por mucho que digan por ahí que estamos detrás de cierto periódico del que no voy a dar tampoco nombre para no joderle su futuro.

A mí, desde luego, no me asusta que haya mucho papel en Dos Hermanas, ni tampoco que eso pueda significar un incremento de las alabanzas hacia la gestión de Toscano. Lo digo con toda sinceridad: en un momento dado, hasta puede ser contraproducente tanto pasteleo. Y, además, mi relación con todas y cada una de las personas que se dedican en esta ciudad a hacer prensa y televisión (ay, la radio, cómo la mataron) es excelente. Tengo mis preferencias, claro está, pero sé que en los tiempos que corren y con el Gran Hermano controlando el aliento de cuanto individu@, animal u objeto se mueva por estos lugares, demasiado hacen algun@s no perdiendo la pinza intentando mantener el tipo.

Porque si torres más altas han caído, estoy convencido de que al final, cómo y cuándo sea ese final, la vida pondrá a cada uno y cada una en su sitio. De eso no me cabe ni la menor duda. Incluso a quienes se enfadan porque no cantes aquello de "todo nos parece una mierda / todo nos parece una mierda / todo nos parece una mierda… / …menos lo vuestro". (*)

(*) Título de otra genial canción de Astrud.

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El último guerrillero

Publicado el 29.11.2006  en imaginario  

pepeSe alistó al Ejército Popular buscándose todas las triquiñuelas posibles, porque era menor de edad. Recorrió el país desde abajo hacia arriba luchando por la República, hasta que acabó en un campo de concentración francés. Prefirió volver como maquis antes que acompañar a la Resistencia antinazi, así que se escapó a España y de nuevo hizo el camino de vuelta hacia las montañas de su Málaga natal.

Sufrió el hambre y el frío que ni tú ni yo podremos imaginar nunca, pero tuvo suerte: jamás estuvo donde cayó el proyectil, sobrevivió a balazos, morteros, enfermedades, varias veces lo dieron por muerto y otras tantas salió adelante.

Siempre ha sido comunista y ahora, con casi noventa duros años a sus espaldas, sigue siendo el primero, con su bastón remendado y su mirada perdida, en acudir a nuestras asambleas, a nuestros actos, a todas y cada una de las convocatorias. Posee, además, una memoria prodigiosa: recuerda todos los nombres, los lugares, las fechas, los datos de su historia y de la historia de sus muchos camaradas muertos. Se llama José Araguez, pero le decimos Pepe el ditero. Es el último guerrillero que tenemos en Dos Hermanas. Nadie le ha echado aún el guante.

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ML: MiL

Publicado el 28.11.2006  en kesml  

Esta web va a cumplir un mes con 1.000 visitas. Como no entiendo mucho de estadísticas, he consultado con personas expertas y me han dicho que para ser una web personal y reciente es un dato magnífico… no sé, supongo que está bien, aunque estoy muy mal acostumbrado (jeje) porque lo comparo con el número de visitas que recibimos en la web local de Izquierda Unida, que son bestiales: 20.000 visitas desde mayo, una media de 2.900 al mes y casi 9.000 visitantes distint@s. Pero claro, estamos hablando de una web consolidada donde la mayoría de la gente que entra lo hace buscando política.

Los datos del servidor dicen también que las mil visitas vuestras se corresponden con algo menos de 500 visitantes distintos, y que la mayoría lo habéis hecho buscando por mi nombre y mi apellido. Ese sí me parece un buen dato, porque ya se sabe que a una página de internet puede acceder cualquier persona que viva en cualquier parte del mundo.

La media diaria de visitantes (personas distintas, no visitas) según esa misma estadística, es de 30, más o menos. Es curioso que, a diferencia de lo que ocurre en la de Izquierda Unida –donde hay más visitas durante el fin de semana- en esta web entra más gente los martes y los miércoles. Me pregunto qué quiere decir esto.

Se han hecho 18 comentarios a los 42 artículos y he recibido mensajes de unas 30 personas diferentes, la mayoría hablando de la propia web o pidiéndome algún tipo de información, o enviándome cosas (opiniones, fotos…). Unas cuantas me habéis añadido a vuestro messenger o habéis preferido comunicar conmigo a través de la pizarra. Hay también todoterrenos, que se han colado en esta web usando todas las opciones posibles. Gracias a esto he llegado a conocer gente que de otra forma jamás hubiera conocido, así que sólo puedo daros las gracias.

Por tanto, no me puedo quejar. Eso sí, espero que esto sólo sea el comienzo de una larga amistad.

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La tragedia del olvido

Publicado el 27.11.2006  en celuloide  

Cuando sales del cine después de ver películas como Grbavica, la sensación de desasosiego tarda en esfumarse unos cuantos días. Sin embargo, nuestra conciencia acomodada lo logra con cierta facilidad. Estamos tan acostrumbrad@s a magnificar los pequeños problemas personales, de convivencia, laborales, de hipoteca o estudios, que cuestiones como la propia supervivencia o las desgracias más ignominiosas de la existencia humana parecen de otro siglo o de otro mundo. Pero están ahí, a unos cuantos kilómetros, a la vuelta de la esquina.

Para quienes no la sufrimos, la guerra civil española, por mucho que nos cuenten o veamos por televisión lo ocurrido a nuestros abuelos, parece que nunca existió o que, como poco, hay que olvidarla pronto para no jodernos demasiado la realidad de ahora. Sin embargo, la última gran guerra de Europa fue hace cuatro telediarios, y sus repercusiones sociales permanecen instaladas en el día a día de gente como nosotr@s, de nuestra edad, que llevaron una vida más o menos como la tuya y la mía, que eran tan europeas y europeos como cualquier persona de Dos Hermanas. Pero después del aluvión informativo de aquellos días terribles en que todo estalló, y lo que poco a poco vino sucediendo después, lo cierto es que el drama bosnio (y de los Balcanes) es un estigma que apenas conocemos por películas como Grbavica o La vida secreta de las palabras, donde las consecuencias psicológicas son un cáncer mucho más doloroso que la propia muerte.

Grbavica es un relato visual de una sociedad que era como la nuestra. Hoy, sin embargo, allí conviven miles de mujeres viudas, violadas por soldados del bando contrario o incluso del propio y hasta de las fuerzas de paz internacionales. Muchas de ellas tienen hijas "bastardas" que son objeto de burla en el colegio. Todo eso podría contarse al estilo Spielberg para que no parases de llorar, pero la directora Jasmila Zbanic lo ha hecho con un realismo que toca la fibra sensible porque cada palabra y cada gestos y cada persona que actúa en la película lo hace como si fuese la vecina de al lado de tu casa. Eso es precisamente lo que más duele: te hace sentir copartícipe, juez y parte, responsable de la mirada al otro lado y de no tener capacidad de respuesta. No es nuevo: nos pasa con todo lo que nuestra mente nos obliga a olvidar. Pero olvidar es, precisamente, la peor de las tragedias. No hace falta leer a Shakespeare para reconocerlo.

Si quieres visitar la web de la película (inglés/alemán) pulsa aquí.

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El año del gato

Publicado el 26.11.2006  en cajón desastre  

En los setenta, el aceite de oliva era perjudicial para la salud, pero hoy es sanísimo, mucho mejor que el de girasol. También está de moda la soja, que antes era un yerbajo. No hay nevera que se precie que no esté cargada de Actimel para los niños y hasta los preservativos llevan aloe vera.

Un buen día, Pablo Milanés confiesa ser adicto a la Coca-Cola, el Mister Proper se llama Don Limpio, los yogures bio ya no se llaman bio, el tabaco light ya no se llama light… pero siguen siendo lo mismo.

Como dice la genial canción de Astrud, tengo la sensación de que hay un hombre en España (y en el mundo) que lo hace todo, lo bueno y su contrario, a su antojo. El sistema es ciclotímico, tiene la facilidad de cambiar lo que haga falta y hacer que no cambie nada, de penalizar con leyes y seguir manteniendo la costumbre, de construir ideas generacionales para su propio beneficio que después serán repudiadas por generaciones opuestas que, más adelante, sacarán pecho por un nuevo revival de la que denostaron. Quienes vivimos en el opulento y ampuloso Occidente llevamos una vida de marca, absorbemos con frivolidad incluso la iconografía que más se detesta, desde las camisetas del Che hasta los vaqueros de estilo soviético. Somos, incluso, capaces de hacer coincidir la fecha del Día Mundial del Friki con la del Día Mundial de África, y nos quedamos tan panchos ante semejante frivolidad de ida y vuelta.

Vamos, que hasta Cat Stevens, convertido al islamismo y renegado de la música desde la década de los 70, ha vuelto a coger la guitarra y publicar canciones. Está claro que lo único imposible en este nuevo siglo es lo que no existe. Y tal vez ni eso.

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Mis relatos: “¿A quién se parece Verónica?” I (1998)

Publicado el 25.11.2006  en papeles  

En 2000 presenté dos relatos al Concurso Idus de Marzo, que lleva un montón de años organizando la biblioteca municipal. Fue la segunda vez que envié algo, y lo hice, en realidad, porque en el 99 ya participé con El guardabarreras y Mari Carmen, la directora, me dijo que le gustó mucho y me animó a volver a presentarme. Así que, sin demasiadas expectativas, doce meses después (pensaba que El guardabarreras era lo mejor que había escrito) lo intenté con ¿A quién se parece Verónica? y otro cuento más de los muchos que tenía escritos por entonces. Casualmente, y fue una auténtica sorpresa, poco antes de la noche de San Juan me llamaron diciéndome que había ganado en la categoría local. Fue el mismo año en que decidí adscribirme a Izquierda Unida, y el premio fue de 30..000 pesetas.

No he vuelto a presentarme a ese concurso ni a ningún otro. Hace poco, Mari Carmen volvió a llamarme para decirme que iban a publicar un recopilatorio de los cuentos ganadores en las ediciones del Idus, y que el mío era uno de los seleccionados. Así que poco después apareció Crónicas de lo imaginario y me convertí en un autor publicado. Cosas que pasan.

¿A quién se parece Verónica? (introducción)

Su perfil es antiguo, no viejo ni envejecido, ni tan siquiera positivamente vetusto. No. El perfil de Verónica es como si proviniera de un cuadro del siglo pasado, con ese realismo que no es tal, sino que penetra más en la persona que en la superficie porosa de la piel. En este sentido Verónica parece transportada, es como si hubiera nacido en mil novecientos setenta de una madre que parió en mil ochocientos setenta. El tacto de su dermis es pálido, casi exangüe, y comporta esa belleza fría que tienen las gentes de otras tierras, sin dejar de perder el encanto de la suavidad, de la ternura silenciosa que exhalan sus ojos cerrados, su nariz fina y algo alargada, su boca de labios estrechos, su pelo negrísimo y largo, como cola de yegua, que se contonea a cada paso.

¿A quién se parece Verónica?

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0,7

Publicado el 24.11.2006  en cajón desastre  

He leído la noticia en la web de la Cadena Ser, que no es precisamente sospechosa por hacernos coba: El Gobierno niega a Izquierda Unida el acuerdo de financiación suscrito con la Iglesia. Según parece, Izquierda Unida solicitó el pasado 3 de octubre el documento del acuerdo entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal, por el cual el Estado aumentaría al 0,7% la asignación que cada ciudadano puede hacer a la Iglesia en su declaración de la renta. Hasta ayer, los que mandan en Moncloa "no ha tenido tiempo de contestar a Gaspar Llamazares" y el Gobierno se remite a lo fijado en los Presupuestos Generales del Estado. Pero el documento sigue sin aparecer y no hay indicios de que algún día vea la luz. Llamazares, por su parte, ha afirmado que "da la impresión de que el Gobierno oculta algo". Querido Gaspar, como dirían Les Luthiers, eso es vista…

Sin embargo, desde la vicepresidencia del Gobierno, departamento que ha llevado las negociaciones con la Iglesia, se niega que haya existido falta de transparencia y se pone como ejemplo que el debate se ha producido en las dos Cámaras del Parlamento. Eso sí, del documento del acuerdo ni una palabra.

Sea como fuere, que yo creo que está muy claro cómo es y cómo no es, no deja de ser curioso (utilizo esta palabra por no ser borde) que todavía no hayamos conseguido alcanzar el 0,7 (ni el 0,6 ni el 0,5…) para la ayuda humanitaria y que, de un plumazo "a escondidas", nuestro querido gobierno zapaterista le haya regalado a la Iglesia un pastón que podrá utilizar, por ejemplo, para organizar sus manifestaciones contra las políticas progresistas y a favor del matrimonio como Dios manda. Pues qué bien.

(La anécdota al caso: un amigo de Madrid me contó una vez que cuando se hizo la famosa acampada por el 0,7 él iba por entre las tiendas de campaña gritando "¡0,7 para gastos militares!" y que había mucha gente que le increpaba por esas palabras. Gente que no sabía que los presupuestos del Estado siempre dotan al Ministerio de Defensa mucho más de ese porcentaje…)

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Rebeldes con causa

Publicado el 23.11.2006  en cajón desastre  

Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema, pero últimamente ha habido ocasiones en que, sólo hablando con la gente, te das cuenta de que todo es tan fácil de entender como complicado de cambiar. Me estoy refiriendo al voto de la izquierda o, más bien, al menor voto a la izquierda, si lo comparamos con el de hace un par de décadas.

Días atrás estuve charlando sobre el tema con dos personas bastante interesantes. Ambas eran muy críticas con el alcalde, y sus razonamientos iban al mismo terreno en el que yo creo estar. Sin embargo, una era socialista y la otra comunista. La primera decía que, a pesar de todo lo que no le gustaba de la gestión de Toscano, cada cuatro años lo votaba. La segunda, tan descontenta como la otra, votaba en blanco.

Me he encontrado con muchísimos ciudadanos y ciudadanas que se consideran "muy de izquierdas" pero que no votan o votan en blanco. O sea, que los y las socialistas descontent@s votan a su partido, pero l@s nuestr@s a nosotr@s no. A mí, siendo honesto, me parece comprensible esta actitud, porque refleja un descontento generalizado hacia la política y, por mucho que ese descontento sirva para seguir engordando la bolsa del ganador, lo cierto es que significa que algo hacemos mal quienes, en teoría, deberíamos ser sus representantes naturales.

Eso también tiene un componente importante de rebeldía, está claro. Las personas que sólo a veces rozan la izquierda perdonan mucho más los errores que quienes tienen muy claras sus convicciones ideológicas más o menos radicales (radicales para quienes se sienten moderad@s, no para mí). Se trata, por tanto, de una cuestión nada fácil de solucionar, salvo que estés siempre a su lado demostrando que en esa "inmensa minoría" cabemos muchas personas más de las que esas mismas personas creen. Mi función consiste precisamente en conseguirlo, en partirme los cuernos, en hacer ver con hechos que no da lo mismo y que no somos lo mismo. Pero creo que tod@s deberíamos aportar nuestra parte. Sé que es cuestión de tiempo y, aunque no lo parezca, tampoco hay prisa. Porque no estoy hablando de votar, sino de confiar. O, ya puestos, no de votarnos, sino de botarlos.

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Bye, bye, badman

Publicado el 22.11.2006  en celuloide  

"Tú no eres tus personajes, pero tus personajes sí son tú". Raymond Carver

Siempre he relacionado a Robert Altman, Raymond Carver y Bruce Springsteen. Es una de esas cosas que se te quedan en la cabeza aunque no siempre tengan mucho sentido. En este caso, al menos, sí lo tuvo alguna vez: la película Vidas cruzadas de Altman es lo más parecido a los cuentos de Carver, quien, a su vez, escribía sus historias al más puro estilo del disco Nebraska del boss.  

De ese trío norteamericano ya sólo queda el músico, y que sea por muchos años. Ayer murió, a los 81 años de edad, el director de películas muy conocidas, como M.A.S.H. (sólo recuerdo, en mi infancia tardía, la serie humorística de televisión que se llamaba así) y, al menos para mí, las maravillosas Prêt-à-Porter, La Compañía, Gosford Park y la ya mencionada Vidas cruzadas.

Altman es uno de esos pocos famosos directores de cine made in USA que he seguido con cierto interés desde hace bastante tiempo, porque siempre ha paseado a medio camino entre la independencia y la grandeza, instalado en ese peligroso filo de navaja que es estar en la industria y, al mismo tiempo, tener la valentía de criticarla, incluso, usando a sus propios ídolos. De su larga carrera, pese a ciertos altibajos, me quedo con la visión mordaz de la american way of life y sus prejuicios, con la forma en que ha retratado la vida de quienes hacen de la estética un concepto contrario a la ética, o con sus reflexiones sobre las pequeñas cosas de la existencia cotidiana. Y también, con su empecinamiento en hacer cine y en no caer en las tentaciones ridículas en que sí ha caido la mayoría de sus compañeros de viaje.

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Clichés

Publicado el 21.11.2006  en cajón desastre  

Hubo un tiempo en que la certeza de las cosas estaban en la radio, hasta que apareció la pantalla doméstica y se cambió la frase a "es así porque lo han dicho en la tele". Ahora la verdad revelada se encuentra en internet. Para mucha gente la radio, la televisión y la red son como las fuentes del derecho que se mencionan en el artículo primero del código civil. Hoy, lo que no está en Google no existe, y lo que no se diga en una tertulia matinal no crea opinión. Cada rebelión de masas es consecuencia de un previo silencio de los corderos.

Después de unos cuantos años participando en reuniones políticas, de trabajo, en comidas y coloquios, en charlas de sobremesa o discusiones sobre lo humano y lo divino, la mayoría de las veces con las mismas personas de entre un grupo más o menos numeroso, he comprobado que ir de etiqueta no es lo que siempre había creído y que un cliché es lo más parecido a una peineta o a la nariz pegada de Quevedo. Es el fenómeno de la radiofórmula, esa que ha cumplido cuarenta años en nuestro país, pero aplicado al ámbito de las ideas.

Claro, habrá quien piense que, a pesar de que ronda por ahí la idea de que soy el primer candidato "indie", es inevitable que mi tejado también esté lleno de piedras… pero yo tengo excusa, no en vano soy empleado de una empresa constructora.

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