Adiós, Harry, adiós

Publicado el 08.04.2009  en celuloide  

Fui a ver El Gran Torino por varios motivos. El primero, porque mi jefe de obra dijo que no le había gustado, y eso es una señal; el segundo, porque la crítica alaba esta última cinta de Eastwood por unanimidad, aunque eso no es síntoma de nada especial para alguien a quien una película le gusta o no le gusta; el tercero, para que mi amigo Quino no diga que tengo repelús al cine norteamericano, jeje; y el cuarto, porque con antecedentes como Million dollar baby o Mystic River, uno siempre puede arriesgarse a ver algo más que la evidencia plana de Harry el sucio.

Ese algo más está patente en El Gran Torino, sin duda, y si no estamos ante una obra maestra, se le acerca.

Siendo tan conservador como Arnold Schwarzenegger, pero sin deberle nada por donde quieras que lo mires, el viejo Clint ha sabido retratar la América profunda en el cine como Springsteen en la música o Richard Ford en la última literatura. Personajes llenos de complejos, la mayoría idiotizados por sus propios clichés, en un batiburrillo intercultural de polacos, italianos, amarillos, negros e hispanos, donde se mezclan los recuerdos de la guerra de Corea con la invasión de la inmigración coreana, donde se ven banderas por todas partes y el orgullo patrio queda en entredicho por generaciones que prefieren comprar un Toyota a un coche nacional, discursos de moral más que cuestionable y cuestionada, la religión metida en vena y, sobre todo, una sociedad de valores decadentes, aturdida, descabezada, infeliz e incapaz de reconocer el sueño yanqui de los años 50 en el espejo del siglo de la globalización. Tal vez por eso los problemas, los de toda la vida en las películas de héroes que se toman la justicia por su mano, tienen en Gran Torino un desenlace que defenestra a aquel policía estirado que apatrullaba la ciudad limpiando la escoria en nombre de la (su) ley. Tal vez por eso la decepción de quienes esperaban toparse con Harry, el ejecutor y se encontraron con alguien dispuesto a cambiar las hamburguesas por los rollitos de primavera y el whisky por el licor de arroz.

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Los abrazos rotos

Publicado el 31.03.2009  en celuloide  

Tantos años después de Pepi, Luci, Bon… y todavía hay quien se mete a ver una película de Almodóvar con más despiste que un girasol en un eclipse. Como es un autor cuyos estrenos gozan de mucha publicidad –para ser de aquí-, siempre te encuentras en la sala con alguien que empieza a quejarse a la tercera escena de sexo, o que se sale antes de que se acabe la cinta. Fue el caso de Los abrazos rotos, el fin de semana pasado en la sesión de las 19,30 del domingo en el Cineápolis de Dos Hermanas.

No seré yo quien afirme que Almodóvar es el Woody Allen de nuestro país, pero desde luego sí tienen en común las filias y fobias que despiertan sus obras cinematográficas. Obviamente, el Almodóvar de hoy poco tiene que ver con el de la movida madrileña, está perfectamente instalado en la cumbre de los elegidos por el stablishment cultural y en sus estrenos no faltan ministros (más bien ministras), cantantes de ayer y hoy, chicos y chicas almodóvar y gente de la moda en sus diversas variantes, desde diseñadores hasta cirujanos de estética. Pero eso, si somos capaces de separar el grano de la paja, no da ni quita al director, ni a su trabajo.

Supongo que habrás oído o leído mil veces que Los abrazos rotos pretende ser un homenaje al cine y por eso hay una película dentro de otra, con sus correspondientes reverencias a directores admirados. Esos homenajes, y la costumbre de explicarlo todo hasta el mínimo detalle, tal vez alarguen demasiado una historia que me gustó más que La mala educación y menos que Volver, por situarla en alguna parte de su etapa retrospectiva-autobiográfica.

Por destacar, destacaría la actuación de Blanca Portillo y el enorme diálogo entre Carmen Machi (menudo puñetazo que da a Ana Botella) y Penélope Cruz, casi al final de la película, que recuerdan a lo mejor de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Y, como siempre, pero tal vez menos presente, la banda sonora de Iglesias, que da las pinceladas dramáticas necesarias y crean el ambiente idóneo a las escenas.

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La regla que confirma la excepción

Publicado el 24.03.2009  en celuloide, enlaza, radar  

Ignoro si los chicos de Zemos98 empezaron en un garaje de El Viso, como algunos famosos, pero sí sé que no fueron profetas en su tierra y también sé por qué no lo fueron y por qué acabaron montando lo suyo en Sevilla capital. Desde luego, tengo claro que si el proyecto hubiera nacido en Dos Hermanas, les habría pasado lo mismo que a Benito Zambrano, a quien los mandamases de su pueblo (Lebrija) le negaron el pan y la sal por el simple hecho de no pertenecer a la cuerda y luego, cuando el éxito de Solas, todos quisieron hacerse la foto con él.

Ahora, después de once años, Zemos98 ha alcanzado lo impensable y casi da miedo imaginar cómo cultura y tecnología puede llegar a tanto y tan lejos en este raquítico y cainita sur de Europa que nos ha tocado vivir. El domingo pasado, después de una sobrecogedora sobremesa con los cerezos en flor, nos pasamos por la inauguración del 11 Festival Internacional "Educación expandida" y nos merendamos-cenamos los 14 cortometrajes de la sección Memorias Colectivas y Existencial, hasta que nuestras columnas vertebrales no pudieron mantenernos por más tiempo sentados en butacas (6 horas, uf). Pero aquello sólo fue el principio de una semana enorme en programación y diversidad: música, teatro, cine, conferencias, videoarte…

Conociendo el paño local, Zemos98 sería impensable en nuestra ciudad. Y lo peor de todo no es la rabia que da, sino la pena profunda de pensar que todo lo que no huela a lo que tú y yo sabemos, está vetado. En eso, por desgracia, ni siquiera somos la excepción: somos la regla.

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El lector

Publicado el 24.02.2009  en celuloide  

Llevo casi dos meses sin poder ir al cine ni estar al tanto de las películas nuevas. Eso explica que el fin de semana pasado fuese a ver El lector (The reader) sin saber que su director, Stephen Daldry, fue también autor de Las horas y Billy Elliot. Tampoco conocía la novela de Bernhard Schlink, al parecer muy premiada, en que está basada la película.

La parte esencial de El lector está ambientada en la Alemania de posguerra. Un estudiante de familia bien mantiene una loca relación amorosa con una mujer que podría pasar por su madre. Sus encuentros furtivos tenían lugar en el humilde apartamento de ella, triste y cuadriculada revisora en los tranvías de la ciudad. Un día, Hanna (Kate Winslet) le pide a Michael (David Kross) que le lea el libro que éste lleva en su cartera escolar. Así transcurre todo el verano, entre el sexo, los sensuales baños compartidos y la lectura de los clásicos, desde Homero a Chejov.

El lector narra una de esas historias que estigmatizan a sus protagonistas de por vida. Contada desde la mirada de Michael adulto (Ralph Fiennes), viaja entre el pasado y el futuro sin llegar a marear, superponiendo por capas algunos temas universales muy transitados, como la responsabilidad del pueblo alemán durante el nazismo o las consecuencias de nuestras acciones u omisiones para la vida de los demás, pero esos temas, y otros más, los resuelve -no siempre, pero casi- sin caer en el error de acudir a la ética banal y dejándote más preguntas y dudas que respuestas y certidumbre.

Si no la has visto, si entiendes tan poco de cine como yo y si recelas de las producciones que gastan tanto en promoción como en la realización de la película, mi opinión es que El lector te gustará si te gustaron las anteriores obras de Stephen Daldry, descontando la cosa danzarina de Billy Elliot. Quizá esta sea la mejor referencia.

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Dos prendas buenos

Publicado el 23.01.2009  en celuloide  

Este cortometraje ganó uno de los premios del Festival Internacional de Cortos de Cine de Espartinas. Dice mi amiga Lola que no sabe si reír o llorar con él, pero lo cierto es que, después de verlo un par de veces, hay una parte de mí que me sopla al oído que para retratar cierto fenómeno social no hace falta un Bigas Luna y su Yo soy la Juani.

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Happy

Publicado el 13.10.2008  en celuloide  

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Si te interesa el cine

Publicado el 05.10.2008  en celuloide  

Filmin.es empezó a funcionar hace unos cuantos días y es una web dedicada al cine independiente y de autor. Pero no sólo eso: además de informar sobre películas tiene valores añadidos tales como contenidos extras de dvd, venta online, hospedaje de cortometrajes, bolsa de trabajo en el mundillo del cine, etc.

Está en castellano y su manejo es sencillo y vistoso. Tiene también una newsletter (vamos, un boletín que te envían a tu correo electrónico) para tenerte al tanto de las novedades.

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Mis películas: Prométeme

Publicado el 25.08.2008  en celuloide  

Prométeme cuenta la historia de Tsane, un joven que vive con su abuelo y su vaca, Cvetka, en la remota cima de una montaña. Exceptuando a su vecina, la profesora, ellos son los únicos habitantes del pueblo. Un día, el abuelo de Tsane le dice al chico que se está muriendo, y le hace prometer que irá al otro lado de las tres montañas, a la ciudad más próxima, y venderá su vaca en el mercado. Con el dinero tendrá que comprar un icono religioso, después algo que él realmente quiera y, finalmente, deberá encontrar una esposa para traer a casa.

Sin duda alguna, Emir Kusturika es uno de los cineastas más personales del panorama cinematográfico actual. Títulos tan maravillosos como Gato negro, gato blanco, Underground, Papá está en viaje de negocios o El tiempo de los gitanos le han valido tanto dos Palmas de Oro como un reconocimiento de carácter internacional.

Como viene siendo habitual en su filmografía, Prométeme es una fábula tremendamente positiva repleta de personajes únicos que retrata a su particular modo la vida y los diferentes cambios que han acontecido en la castigada región de los Balcanes, en un revisionismo histórico cuyo máximo exponente sería, sin duda alguna, Underground; de este modo, ese excentrico sentido del humor del serbio, además de sus folclóricas bandas sonoras y su imponente puesta en escena con una fotografía repleta de colorido, vuelven a ser capitales en Prométeme, una película que, a pesar de no innovar en exceso el registro del cineasta, continúa siendo una maravillosa muestra de buen cine.

En esta ocasión, la historia de Tsane sirve de excusa a su director para ofrecernos una metáfora sobre una Serbia que se encuentra a las puertas de ingresar en la Unión Europea, donde campo y ciudad adoptan aires simbólicos para contrastar tradición y evolución. Para Kusturica, dicha evolución adopta en primera instancia un cariz gris, corrupto y descarnado, carente de escrúpulos y principios representado por una suerte de mafia de baja estopa, en clara contraposición al luminoso mundo rural, inocente y honesto, virtuoso y humilde, además de presentarse como un último baluarte en defensa de la tradición y, por ende, de la propia identidad nacional.

De este modo, el éxodo de Tsane resulta, como no podía ser de otro modo, un viaje iniciático hacia la europeización, hacia un nuevo futuro repleto de amenazas físicas y, sobretodo, éticas, en el que su protagonista se cruzará con todo tipo de estrafalarios personajes, típicos en la filmografía de Kusturika pero no por ello menos empáticos o poliédricos, en un alocado cuento a ritmo de orquesta pachanguera que inevitablemente concluirá de un modo terriblemente positivo. Por contra, puede que Prométeme sea una de las películas menos reflexivas y más abiertamente cómicas de Kusturica junto a Gato negro, gato blanco, si bien dicha ligereza contextual no desmerece en lo más mínimo a un metraje tan brillante como hilarante.

Por el camino, nos encontramos con un metraje tan largo como endiablado, situaciones surrealistas, humor por doquier a cargo de unos peculiares personajes de claros rasgos fellinianos, y una fotografía repleta de colorido, característico recurso del cineasta serbio a la hora de enfatizar el preponderante carácter folclórico de sus películas

Crítica de Óscar Martínez para Séptimo Vicio.

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Lecturas y miradas del fin de semana

Publicado el 29.06.2008  en celuloide, papeles  

Un lector puede definirse tanto por lo que lee como por lo que rehúsa leer. "Está ahí como amenaza, no como lectura", decía Severo Sarduy de un ejemplar de Los cipreses creen en Dios que alguien había dejado sobre su mesa. Mark Twain se ufanaba de no haber leído ni Emma ni Orgullo y prejuicio. "La mejor manera de empezar una biblioteca", aconsejó, "es omitir las obras de Jane Austen". (Pecados de omisión, artículo de Alberto Manguel sobre Los libros que nunca he escrito, de George Steiner. Publicado en Babelia nº 866).

"Escena de las escaleras de Odessa", correspondiente a la película de Einsestein El Acorazado Potemkin (1925) con banda sonora de Neil Tennant y Chris Lowe (Pet Shop Boys).

Lo había perdido todo: / amor, familia, bienes, esperanzas. / Y se decía casi sin tristeza: / ¿no es hermoso, por fin, vivir sin miedo? (La ambigüedad de la catástrofe, de Ángel González. Publicado en Nada grave, Editorial Visor, 2008).

"Carmen Martín Gaite dijo que no a muchas cosas. Lo dijo con discreción, y hay quien piensa que la discreción está reñida con las boinas de colores, pero no es cierto" (Belén Gopegui).

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La última (excelente y conmovedora) película que he visto

Publicado el 07.04.2008  en celuloide  

Más información sobre esta película en su web.

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