

En mayo de este año, después de la feria, mi compañera Lola llevó una propuesta al pleno para estas fiestas de Santa Ana, que, como sabes, se celebran básicamente en El Arenal. En concreto, el texto que se presentó decía que "En los días previos a la celebración y en los de la propia fiesta, los feriantes ocupan con sus camiones y caravanas varios aparcamientos de los situados justo en la entrada lateral de la estación de RENFE. Entre otras ocupan las dos únicas plazas para personas con movilidad reducida que existen en ese emplazamiento".
Añadía Lola que "Entendemos que los trabajadores de la fiesta deben tener a su disposición un lugar en el que puedan descansar, pero esto no puede ir en perjuicio de las personas que deban utilizar dichas plazas". Por tanto, la propuesta concreta era "Que en este y en próximos años, se habilite la zona de descanso de los trabajadores de la Velada de Santa Ana en los aparcamientos que están situados mas a la izquierda de la estación, dejando así libre las plazas reservadas para personas con discapacidad, así como el paso desde y hasta ellas".
El responsable político municipal del tema, Antonio Morán, respondió "Tomamos nota (…) pero el ruego tiene poco sentido porque tenemos en las inmediaciones el aparcamiento más grande de la ciudad".
Antonio Morán olvidó decir que ese aparcamiento ya no es gratuito, como antes (al menos en las dos primeras horas).
El caso es que, efectivamente, las dos únicas plazas gratuitas de estacionamiento para personas con movilidad reducida que hay en todo El Arenal han sido ocupadas… pero no por las caravanas o los camiones de los feriantes, sino directamente por las atracciones de feria de éstos. Tal vez ese sea el sentido que Morán otorgó a la expresión "Tomamos nota".
Gente de siempre y gente que, aun yendo por primera vez, estaban en su hogar histórico y emocional, participando del homenaje que hacemos cada 18 de julio a quienes se dejaron la vida en 1936 defendiendo la Segunda República.
Y, también, gente consciente de que hoy, evitando las comparaciones sociológicas de cada época, vivmos acechados por otra sutil cirugía golpista, fino encaje de directivas y reales decretos.
Gente que sabe que los ejércitos nos toman por rebaños.
Gente que se emociona con la cabeza levantada, bien levantada, pese a la tristeza del acto, en sí un recordatorio a personas que no volvieron a ver la paz y la libertad, o familiares vivos de esas personas, o de sus hijos, muchos de ellos todavía con el miedo heredado en el cuerpo (no es retórica).
Pues bien, ante esta gente, la mayoría conocida, he hablado por primera vez en un acto de homenaje, en diez años. Sin ser nadie, sin tener una historia que recordar, un pasado como el suyo, un dolor pegado de décadas. Naturalmente, ha sido una intervención protocolaria, discreta, casi una excusa institucional, fruto de un imprevisto.
Pero he pensado, después, ahora, que el año próximo volveré a pedir la palabra. Y lo haré, esta vez sí, para decir lo que pienso, no como representante de una organización política, sino como persona de conciencia; y hablaré -ya lo tengo claro- sobre lo que verdaderamente me une a esa gente, sobre el respeto por lo que representa, por lo que es cada cual, por lo que se contiene en su origen, por su hecho diferencial, por su vínculo con un pasado colectivo e individual que, para sentirlo como propio, debo mantener vivo y proyectar hacia el futuro. Un homenaje, a fin de cuentas, es un compromiso mantenido en el tiempo, que no puede darse por sentado.
Unos días medio de vacaciones. Una película (Melancolía, Lars Von Trier) que me dura, arrastra, emociona tanto como un libro. Más.
La vida personal, esa otra parte de ti que no aparece en los periódicos locales, influye entre líneas (y mucho) en lo que sí aparece en los periódicos; por más que lo intentes disimular, por más que pongas cara plana, o la cara de antes, por más que: influye. Por suerte, que ya es suerte con la que está cayendo, las cosas personales van mejor rodadas ahora.
Comida japonesa elaborada por una amiga (nueva) japonesa. Y no sólo: un momento insólito, precioso, cuando, a cuarenta grados de calor en la sobremesa, Tomoko interpreta al piano (que de tradicional lo tenemos como un mueble más del salón) un nocturno de Chopin, mientras vigilo la siesta de Marcelo. Y las primeras notas del Claro de Luna de Debussy, ay.
Treinta años después, abro una enciclopedia (de estas que antaño se coleccionaban por fascículos) y encuentro mi primer trabajo de la asignatura de Música, allá por mi 1º de BUP en el Virgen de Valme. Dedicado a Beethoven. Tiempos de máquina de escribir, de descubrimientos.
De aquel Beethoven (de aquel Marx, de aquel Cervantes, de aquel Wilde) son estos lodos. Cae lo que fuego fue.
El pleno de julio, este próximo viernes, será a las 12,30 h. Media hora más tarde, sí, porque a las 9 se va a intentar conciliar un acuerdo entre los trabajadores de Crown y la dirección de la empresa. Veremos si tenemos agosto en paz, ojalá.
Fran: "Desde que soy concejal, la frase que más oigo es: ‘Vaya, por fin alguien que nos llama para interesarse por nuestro problema’".
Unos días medio de vacaciones, pero también unos días de mucho trabajo. Por suerte, mejor rodados, en lo personal y en lo político-humano (tanto debería montar). Porque de mi perfil epidérmico hacia afuera (y en lo que afecta al hacia adentro), ni hablamos. Qué te puedo contar, que no sepas.
@LaLolaPalacios Soy quien soy y estoy donde estoy para cambiar esta sociedad y este mundo... sin mas marcos que los que yo me pongo... no me encuadres, que te puedes equivocar! http://unquipusdelibros.blogspot.com
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