Midnight in Paris

No sé si Midnight in Paris es una obra maestra. Tampoco es importante que lo sea. Nunca me lo he preguntado de las películas que más me han marcado, desde El piano (Jane Campion) hasta La cinta blanca (Michael Haneke), pasando por la trilogía Azul-Blanco-Rojo de Kieslowski. Lo importante, lo que zarandea, es el efecto que te provoca una película cuando sales del cine y, tanto o más, el que te deja con el paso del tiempo, cada vez que te acuerdas de ella.

Si eso es lo que vale, y es lo que a mí me vale, Midnight in Paris es lo mejor que he visto de Woody Allen en su etapa europea. Supongo que parte de la culpa la tienen sus personajes, tanto los contemporáneos (los suegros ridículos del Tea Party, la novia guapísima y pija, el escritor que habla igualito que todos los personajes principales del director neoyorquino), como los históricos de París era una fiesta (Francis y Zelda Fitzgerald, el ‘brutamante’ Hemingway, Dalí y sus rinocerontes, la preciosa Adriana…). Pero, además, la película atrapa por su argumento (¿quién no ha querido viajar alguna vez al Montmartre de los años veinte?) y, desde luego, por contar con el mejor escenario del mundo.

Naturalmente, el romanticismo de Midnight in Paris tiene su trampa. Se muestra sólo lo que nos gusta ver, las estampas turísticas revestidas del mismo látex folclórico que ha invadido los recuerdos de las ciudades, de cualquier ciudad. Pero, acaso, ¿hay alguien que no sea turista fuera de su propia casa? ¿alguien que, al salir de una película, no haya sentido ganas de dejarlo todo y largarse al lugar en el que ha vivido durante esas dos horas? Sólo por esa sensación, y por recuperarla cada cierto tiempo, ya merece la pena.

Ficha en IMDB aquí.

España: “Me gusta cuando votas, porque estás como ausente”

No puedo resistir transcribir aquí literalmente un artículo del argentino Pedro Cazes Camarero, titulado como el encabezado de este blog, en el que muestra su visión de la Spanish Revolution, su influencia electoral, la de las redes sociales y las analogías y diferencias entre este fenómeno y el que se produjo en la Argentina de principios del siglo XX. Entre otras cosas.

Hay que leerlo con mucha atención, fijarse en los detalles y en el sentido de las palabras. Probablemente, lo primero que pienses, o al menos es lo que yo he pensado, es que parece mentira que alguien del otro lado del mundo sea capaz de interpretar lo que está ocurriendo aquí con mucha más lucidez que buena parte de quienes aquí vivimos (¿se nos ocurriría aquí hacer lo mismo con lo que pasa en Argentina hoy?).

Por cierto, Pedro Cazes es padre de Alina Cazesova, la creativa que ha realizado todos los diseños de nuestra campaña electoral.

España: "ME GUSTA CUANDO VOTAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE"

Durante un par de días los medios masivos de todo pelaje concedieron, en la Argentina, poca atención a los sucesos que estaban ocurriendo en la península. El primer reflejo ante un acontecimiento inexplicable y potencialmente peligroso fue el silencio. Blindaje sin embargo perforado por Internet, que nos trajo antes que nadie el perfume de la primavera asamblearia que se difundía por las ciudades de la Madre Patria.

El trueno y el fuego de la ira del pueblo habían ardido, es cierto, durante semanas a lo largo de la costa sur del mediterráneo, achicharrando regímenes vetustos en los países musulmanes, ofreciéndonos el desconcertante espectáculo del reciente premio Nóbel de la Paz y los siete enanitos de la OTAN intentando sofocar las llamas a sopapos de ciego. Para Occidente, la revolución árabe era cosa de gente hirsuta y enojada, que vociferaba consignas extrañamente similares a las de la Revolución Francesa de 1789. Nada hacía prever que la combustión estallara a su vez, de manera endógena, en la otrora próspera ribera norte del antiguo mar.

Todos los relatos coinciden en describir una España que dista de ofrecer el aspecto desgreñado de la Argentina pre 2001, pero también que bajo ese exterior todavía pulido y próspero anida la desesperación por el desempleo, las hipotecas impagables y la parálisis económica. Trotsky decía que tras de cada fascista hay un pequeño burgués asustado, lo cual explica muy bien la victoria del Partido Popular. Hay sin embargo otra alternativa, que es la que irrumpe en las plazas.

No, en España no hay las muchedumbres comiendo de la basura, las ollas populares, los andrajos por vestidos, que le daban al Buenos Aires del año 2001 la pinta de la postguerra de una conflagración que nunca se libró; pero el descrédito de los líderes políticos y del propio Estado es sumamente parecido. Ya las asambleas, hermosas e ¿inútiles?, buscan síntesis tal vez prematuras, mientras la organización impecable de la solución de las necesidades de la multitud que colma los espacios públicos, desde el alimento a la limpieza y el cuidado de los niños, prefigura el comunismo en acto y es absolutamente ajena a la voluntad de un Estado que sólo colabora absteniéndose de reprimir.

El fenómeno es imponente por su magnitud y por su complejidad intrincada, es el emergente no planificado, sólo entresoñado por los más audaces, de un encuentro virtual y físico; es un acto de amor. La multitud afirma: "no estamos en Facebook, estamos aquí", al mismo tiempo que abruma la red virtual con reflexiones, fotos, películas y bromas. ¿Cuántos llamados, cuántas convocatorias, cuántos encuentros fueron convocados hasta que brusca, misteriosamente, fragua el cemento colectivo?

Todas las crónicas que llegan hablan de la predominante juventud y belleza de los allí reunidos; todas hablan también de la alegría, de la felicidad del encuentro. Empero, a no engañarse: detrás del sarcasmo ingenioso y de la risa, se agazapa la ira. La furia se contiene y se sublima en las consignas, pero el encuentro hermoso y fraternal está motivado por el horroroso abismo abierto a los pies de cada cual. Nunca se percibió más claramente que el capitalismo te invita a un festín que te será vedado, te ofrece una felicidad que jamás habrás de gozar. Más aún, hasta la módica complacencia de los días corrientes, del modesto ir y venir al trabajo donde el patrón te explota, te es arrancada o está en grave peligro.

En la Argentina, el 19 y 20 desembocó en el kirchnerismo. El apasionado ejercicio asambleario y anti estatal, que movilizó a centenares de miles de activistas, no liquidó al sistema, sino que implantó un régimen desarrollista. Éste, aunque claramente capitalista, explícitamente alejado de cualquier forma de socialismo, lo mismo viene teniendo severos encontronazos con los grupos hegemónicos. Esto se debe a importantes diferencias simbólicas y político-económicas.

En lo simbólico, respecto a la recuperación de la memoria histórica de la represión, la experiencia de la resistencia que viene encontrando el tema en países como Uruguay, Brasil y la propia España, permite medir el alcance de los avances del examen retrospectivo acometido por el oficialismo en la Argentina, que no debe ser subestimado.

No obstante, resulta sobre todo necesario comprender el significado y alcance del programa político y económico que se puso en práctica, con muchas ambiguedades, a partir de 2003, para percibir la naturaleza de la ruptura con el inmediato pasado. Destinado a la expansión de la economía real, generó riqueza suficiente para un dramático crecimiento del PBI, una fuerte caída de la pobreza y la indigencia, y a la vez una triplicación de las ganancias empresarias. Aunque favorecido por una sostenida mejora de los términos internacionales de intercambio, este crecimiento se produjo ante todo gracias a decisiones explícitas de los sucesivos gobiernos kirchneristas.

A pesar de haber sido los principales beneficiarios de esta estrategia, así como fueron los principales responsables de la catástrofe neoliberal que naufragó en el 2001, los grandes grupos económico-financieros están decididos a recuperar la hegemonía en la Argentina y reimplantar las reglas de los noventa. Esta pugna entre dos políticas de acumulación, entre dos proyectos de Estado, entre dos modos antagónicos de inserción internacional, es lo que se estará dilucidando en las cercanas elecciones argentinas, por lo cual las mismas distan de carecer de opciones, como ha ocurrido en España, donde el PSOE se ha encargado de hacerle el trabajo sucio a la derecha.

La diferencia en la productividad de las economías de Grecia, Irlanda, Portugal y España (entre otras) respecto de las de Alemania y Francia, explica la sistemática transferencia de riquezas hacia el centro capitalista y la imposibilidad de mantener el euro como moneda común sin transferencias equivalentes y simétricas desde el centro a la periferia mediterránea. Estas transferencias previstas y pactadas en el momento de la implantación de la moneda única, comenzaron a efectuarse pero fueron interrumpiéndose mucho antes de que las respectivas productividades de los conglomerados nacionales lograran equipararse. Por ello fueron reemplazadas por préstamos bancarios, hasta que el riesgo de seguirlos ofreciendo equiparó y superó los beneficios. Fue el momento del crack.

Actualmente, incluso en Francia y Alemania están surgiendo entre el funcionariado y las cúpulas académicas cada vez más voces que alegan la imposibilidad de mantener un modelo capitalista que restringe la creación real de riqueza, redistribuye la masa total de ganancias a favor de los grupos financieros y genera tensiones sociales insostenibles al intentar frenar (y sólo momentáneamente) la caída tendencial de la tasa de ganancia del sistema, con el expediente de emplear al Estado para forzar la reducción salarial.

Esta polémica reproduce a escala global la que viene efectuándose en la República Argentina, con la diferencia de que en Europa, Japón y los Estados Unidos son (todavía) los neoliberales los que tienen en sus manos la batuta política. Lejos de tomar nota de su responsabilidad en la recesión mundial desencadenada en 2008 y que no hace más que agravarse, y atrincherados en el Banco Central Europeo con sede en Alemania, intentan imponer a su mini periferia del área del Euro (Atenas, Lisboa, Dublin y Madrid) dramáticas medidas contractivas, incluida la venta a precio vil del patrimonio público, decisiones que en la Argentina sabemos por amarga experiencia que sólo agravarán la situación.

El linchamiento mediático del presidente del Fondo Monetario Internacional Strauss Kahn es un capítulo significativo de este forcejeo programático. El personaje era una de las principales figuras mundiales por medio de una designación escasamente democrática. Casi al mismo tiempo que se preparaba su promulgación como candidato socialdemócrata a la presidencia de Francia, en una entrevista con el mandatario estadounidense Obama efectuada poco antes, le adelantó la iniciativa de su corriente en la institución que encabezaba: dar por difunto el Consenso de Washington y desencadenar una ofensiva muy keynesiana destinada a agrandar la torta (léase la masa absoluta de plusvalía a repartir). Dos días más tarde fue bajado con malos modales por el FBI del vuelo de Air France que lo devolvía a Europa, y encarcelado bajo la acusación de ataque sexual. El tipo tenía al parecer algunos antecedentes en ese sentido, y es posible que efectivamente cometiera el delito, pero su escarnio público fue una decisión política destinada claramente a disuadir a futuros disidentes neoliberales respecto a convertirse a la nueva religión desarrollista.

La Plaza del Sol, como bautizaron la movida madrileña sus protagonistas, está sometida a múltiples forcejeos. De acuerdo a las declaraciones de sus heterogéneos voceros, da la impresión de que el rico acontecimiento hubiera nacido de un repollo, que no tuviera inserción en pasado alguno. Nadie parece reivindicar un origen histórico a la lucha, y las banderas partidarias de la izquierda, de los anarquistas y de la República Española están proscritas (aunque algunas proclamas se manifiestan antimonárquicas). El ambiente utópico corre el riesgo de volverse utópico de verdad. Sin embargo, recordando el papel bastante nefasto de la participación de los partidos de izquierda en el movimiento asambleístico argentino (2001-2002), la desconfianza hacia las organizaciones radicalizadas con presencia histórica por parte del movimiento peninsular no resulta completamente subjetiva.

Una de las maneras posibles para que no ocurra el desmenuzamiento y evaporación del Movimiento, sería su prolongación geográfica hacia otros países damnificados, como parece estar ocurriendo en Grecia y quizás en Italia. En ese caso, no les será tan fácil a los partidos del sistema de toda Europa apostar al desgaste y la extinción del nuevo enemigo. También parece que el sectarismo antipolítico de algunos encuentros comienza a ceder y en las asambleas comienza a hablarse seriamente de estrategias y poder político. También llegan informes (25/5/11) acerca de que algunas de las asambleas están emigrando a los barrios de las grandes ciudades, como Sevilla, con el objetivo de masificarse y enriquecerse. Nada mal.

Atrincherados tras la barricada del Euro, organizados en la asociación ilícita del bipartidismo, los políticos españoles (y los europeos en general) rehúsan ni siquiera oír hablar de cambiar de planes. El desarrollismo de Cristina Kirchner, que viene mostrando cierta eficacia para salvarle la ropa al capitalismo generando cierta riqueza real y una adhesión bastante masiva, es descrito como un populismo inaceptable. Ni hablar de las controversiales experiencias de Ecuador, Bolivia y Venezuela. Lo único que se les ocurre a los banqueros de Europa es financiar la crisis desmantelando el Estado de Bienestar y expropiando las remuneraciones no salariales de las mayorías para frenar la caída de la tasa de ganancia.

La estrategia de aumentar la extracción de plusvalía relativa en los países centrales a través de un aumento de la productividad laboral, funcionó durante unos años como un estabilizador político después de la segunda guerra mundial. Desde hace veinte años, este paradigma fue reemplazado paulatinamente por el endeudamiento creciente de los asalariados y la especulación con el capital virtual así generado. Nadie se dio mucha cuenta, hasta que ese modelo mostró sus límites: por ejemplo en Japón, desde hace varios años, la tasa de interés bancaria es prácticamente nula.

Los Estados Unidos han decidido salir de este laberinto por arriba, a través de la industria bélica y de la expropiación de los excedentes acumulados por la capa más próspera de los asalariados. Esto se traduce en guerras coloniales, un estado de guerra civil permanente contra las fracciones más débiles de su propia población (con el 1 por ciento de su población masculina adulta en la cárcel), y financiando su inflación exportándola al resto del mundo, incluyendo a Europa y Japón.

Esta estrategia no puede ser aplicada masivamente por Europa, y existe una fuerte voluntad política de los grupos hegemónicos respecto a no recurrir al keynesianimo, que en el siglo XX dio respuesta (en el marco del capitalismo) a algunos de estos problemas históricamente recurrentes, impulsando el gasto estatal. La victoria electoral de partidos como el PP español permite alucinar con que esta decisión sea aplicable, hasta que los nuevos gobiernos de derecha y ultraderecha muestren la hilacha frente a sus bases y al resto de la sociedad. Por cierto no falta demasiado tiempo.

Se jugarán al desgaste, el desgajamiento y la disgregación de los movimientos como el 15-M que proliferarán durante los próximos meses, basándose en las graves debilidades que exhiben: heterogeneidad, espontaneísmo, inorganicidad, pacifismo, ingenuidad. Sin embargo, esas mismas debilidades constituyen fuerzas titánicas que los fascistas deberían vacilar antes de invocar. Porque la heterogeneidad es riqueza, el espontaneísmo es creatividad, la inorganicidad es libertad, el pacifismo es legitimidad, y la ingenuidad es una actitud mental, no una muestra de imbecilidad.

Sin embargo, Bifo Berardi, en las "Lecciones sobre la Insurrección" que se publica al mismo tiempo que este texto, tiene razón: las plazas españolas se hallan tomadas por los "Indignados", y el enemigo sospecha nuestra debilidad secreta: el tiempo de la indignación ya pasó y que quien se indigna ya comienza a aburrirse. Nosotros no podemos indignarnos más: tenemos que rebelarnos.

 

Pero la insurreccion es peligrosa.

¿La insurrección es peligrosa?

Bifo dice: sabemos cómo se hace, sabemos cómo se entra en vuestros circuitos, sabemos cómo hacer enloquecer vuestros circuitos, y también que estos circuitos que son tan vuestros como nuestros, pueden servir para nuestra riqueza, nuestro placer, nuestro bienestar y nuestra cultura. Es para esto que pueden servir los circuitos que la inteligencia colectiva produjo y que el capitalismo nos ha expropiado y usa ahora contra nosotros. Éste el significado de la insurrección: apropiarse de lo que de verdad es nuestro.

Bifo propone ir a sentarnos en el suelo de los bancos de las grandes ciudades y "comeremos una banana, un capucino y un sandwich, como hace la gente civilizada, y hablaremos de biología molecular, de Goehte, leeremos el Fausto, las poesías de Rainer Maria Rilke, alguno hablará de la poética de Kandinsky y otros de física nuclear".

Mentira. Es decir, también haremos eso. Pero lo que verdaderamente haremos para recuperar lo nuestro, a esos hijos de puta no se los vamos a decir.

Buenos Aires, 25 de mayo de 2011

La paráfrasis del bello poema de Neruda fue recopilada el 15 de mayo, primer día de la toma de la plaza de la Puerta del Sol, en Madrid. Nada más apropiado para describir la obnubilada conciencia de la mayoría que el domingo 22 le dio la victoria electoral al fascistoide Partido Popular.

Música y radioactividad

José Manuel Caturla, Rockdelux

Es algo sabido. La música popular es un registro vivo donde quedan impresos buena parte de los acontecimientos y temores que experimentamos los seres humanos. Es interesante comprobar también cómo somos capaces no solo de superar las situaciones más atroces mediante la acción práctica, sino también de sublimarlas y de traducir una parte de su esencia en obras de arte. Tras los recientes acontecimientos en Japón, algún enemigo del espíritu nos acusará de oportunistas.

Pero más allá del sufrimiento real que está provocando el maremoto nipón y del ombliguista debate suscitado en Occidente sobre la energía atómica (debate que responde al zafio egoísmo coloquial: "si tú estás enfermo, yo estoy más malito"), la creatividad humana puede (y debe) volver a brillar. Como un sol naciente, ardiente, que renueve una vez más el ciclo eterno de la vida cotidiana. Creatividad en forma de música y letra, crítica y sentido del humor, dación de fe y esperanza.

Boris Vian, Stanley Kubrick, El Aviador Dro, hasta Kraftwerk con su hierática ironía teutona, se han acercado con visión incisiva a uno de los productos culturales más controvertidos de nuestra era y de todos los tiempos: la ciencia y su incansable afán por descomponer la materia. Esa alquimia dualista que nos ha aportado tanto bienestar como desconfianza.

Muchos de los grandes acontecimientos del siglo XX y, por lo que vemos, también del XXI han estado marcados por los descubrimientos de gente como Henri Becquerel, Marie Curie y, muy a su pesar, Robert Oppenheimer. Ralf Hütter (Kraftwerk) debería añadir ahora Fukushima a Chernóbil, Harrisburg, Sellafield e Hiroshima en la nueva adaptación de su clásico "Radioaktivität". Yukihiro Takahashi (Yellow Magic Orchestra) compuso "Something In The Air" en 1981. Japón habla con conocimiento de causa.

6.049 (ripio)

(Anónimo)

No mordimos el anzuelo, no cortaron nuestras agallas. No tropezamos con los macetones de la circunvalación, ni nos intimidaron sus sms, ni nos abanicaron sus abanicos.

Que le hicimos el juego a la derecha, dicen. La palmadita en la espalda del banquero, el enchufe conectado a la telaraña, la milonga de la excusa de las siglas de la izquierda. La sonrisa del compañero que te apuñala y se limpia con un kleenex cottonelle (perdona – no tiene importancia – te he clavado mi navaja – estoy acostumbrado a morir).

No somos una sucursal de nadie; si no lo entiendes, ya somos dos: yo tampoco a ti, y menos todavía te entendería tu pasado (el muerto al hoyo, lo sé, y el vivo al hoyo del campo de golf, ¡ay!)

No te preocupes, no te apures: claro que no vamos a dejar pasar tampoco a las gaviotas. ¿Acaso Stalin, ese que tanto nos arrimas cuando te ofuscas, dejó pasar a la División Azul?

Pero mira este número: 6.049. No es el título de una película futurista, pero puede ser el futuro. No es el número de la suerte, no es el cupón; si acaso, el copón.

Lola Palacios

@LaLolaPalacios Soy quien soy y estoy donde estoy para cambiar esta sociedad y este mundo... sin mas marcos que los que yo me pongo... no me encuadres, que te puedes equivocar! http://unquipusdelibros.blogspot.com

Fran García Parejo

@FranGParejo Alguien normal que se mete en demasiadas cosas a la vez, además soy concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Dos Hermanas · http://ilterrone.wordpress.com

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