Ahora, en precampaña electoral, la nueva legislación es bastante más restrictiva que antes. Por ejemplo, desde el martes pasado está prohibido que el ayuntamiento inaugure nada, que haya carteles en las calles o que los partidos pongan propaganda política en los medios de comunicación. No está prohibido, por contraponer ejemplos evidentes, la existencia de webs o blogs como este, la comunicación pública de actos electorales o la información política pura y dura.
En teoría, el incumplimiento de la normativa puede conllevar, incluso, la retirada de la candidatura; en la práctica, no hace falta tener la vista de un lince para comprobar que no sólo no se están buscando los recovecos a la norma, cosa que tendría su mérito, sino que se está burlando la ley descaradamente.
Eso, por no hablar de otros tejemanejes menos evidentes, al menos para el gran público. Aquí se está manipulando casi puerta por puerta, hasta límites difícilmente imaginables y con el amparo de cualquier excusa. Tal es así, que hace unos días, en un acto convocado por Izquierda Unida, alguien nos felicitó por hacer justo lo contrario de lo que "se espera". (Supongo que habrá quien no lo vea así, o no se lo crea, que en su derecho está).
Conclusión: cuando lo que debería ser normal (y no la excepción) acaba convirtiéndose en anécdota, es porque la cosa anda fatal.
(PD: No me olvido de la pregunta que hace "Yo" en un comentario al post anterior. La responderé en breve).
