Una de las decisiones que tomamos la semana pasada en la Comisión Electoral, aparte de incorporar nuevas propuestas ciudadanas, ha sido la de poner una cita literaria al comienzo de cada apartado del Programa de Gobierno 2011. Para Urbanismo hemos aprobado esta:
-Acércate y mira Tokio. ¿Ves todos aquellos espacios? Terrenos vacíos aquí y allá, como bocas desdentadas… Sucederá en unos dos o tres años. En esos dos o tres años, el aspecto de Tokio cambiará por completo. Si tienes terrenos, no te faltará efectivo. Por eso se va a levantar un edificio tras otro. ¿Y quién crees que los construye? Nosotros, por supuesto. Eso no hace falta ni decirlo.
-Ya -comenté-. Pero si se construyen tantos edificios, ¿qué pasará con Tokio?
-¿Qué pasará? Pues que será una ciudad más dinámica, más bonita, más funcional. El aspecto de las ciudades refleja fielmente el estado de su economía.
-Todo eso de que sea más dinámica, más bonita, más funcional, está muy bien. Me parece positivo. Pero las calles de Tokio ya están atestadas de coches. Si aumenta el número de edificios, será imposible circular por las calles. ¿Qué pasará con el agua? Sólo con que no llueva, faltará agua. Y cuando en verano todos los edificios pongan en marcha el aire acondicionado, quizá la energía eléctrica resulte insuficiente. Y nosotros obtenemos la energía del petróleo de Oriente Medio. ¿Qué sucede si hubiera otra crisis del petróleo?
-Todo eso es asunto del gobierno y del ayuntamiento de Tokio. Para eso pagamos impuestos… Yo no lo sé; sólo soy un humilde constructor. Si me hacen un encargo, levanto un edificio. Este es el principio de la ley de mercado ¿no es verdad?
Haruki Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del sol. Tusquets Editores, 1993.
(Se aceptan sugerencias)