Perdón por la vehemencia con la que me voy a expresar a continuación, pero es que hay muchas actitudes políticas con las que no transijo. Una de ellas, quizá de las más relevantes en una ficticia escala de intolerancias, es la utilización de lo institucional para hacer campaña partidista. Aprovechar cualquier evento, sea del tipo que sea, para soltarse un mitin con lo buenos que somos los socialistas y lo guay que es nuestro gobierno, es lo más parecido a lanzar un escupitajo en toda la cara de democracia y, sin duda, dice mucho –muy poco- del concepto que se tiene sobre la sociedad plural en que vivimos. Es lo que he dicho aquí muchas veces: las dictaduras no terminan cuando llega la democracia, existen pequeños fascismos que no necesitan grandes campos de concentración.
Todo esto viene a cuento porque puedo afirmar que he asistido al primer acto electoral del PSOE de Dos Hermanas. Y, a diferencia de otras ocasiones, no ha sido algo sibilino, entre líneas, sino una descarada manipulación de lo público en beneficio de lo privativo. Lo mismo que en el llamado históricamente como Antiguo Régimen, donde no había división formal de poderes; lo mismo que ocurre en países donde la religión es la Ley, eso mismo es lo que ha ocurrido en la inauguración de La Almona.
Ha habido tres grandes protagonistas en este acto. El primero, colectivo: la multitud de trabajadores de la policía local protestando en las puertas del edificio; el segundo y el tercero, teóricamente institucionales: el presidente de la Diputación, Rodríguez-Villalobos, y nuestro alcalde, Francisco Toscano. A diferencia de estos dos últimos, hubo dos personas más que no "protagonizaron" la presentación: la concejala de Cultura, Chari Sánchez, y el Delegado Provincial de Cultura, Bernardo Bueno. Ambos hicieron lo que se tiene que esperar de ellos: la primera, hablar sobre la ampliación del Centro, sobre los nombres de las salas y sobre las exposiciones inaugurales; el segundo, dar la enhorabuena a la ciudad por poner a disposición de la ciudadanía un magnífico espacio público. Correctos y protocolarios, transmitieron el mensaje propio de quienes saben que no están ante una concurrencia necesitada de suflama política, sino ante personas de todos los colores, o de ningún color, que habían sido convocados para felicitarse por contar con nuevas dotaciones culturales en Dos Hermanas.
Sin embargo, lo de Rodríguez-Villalobos fue otra cosa, totalmente opuesta y, siento decirlo, lamentable. Su discurso podría resumirse en cuatro palabras: "¡Viva Quico!, ¡Viva yo!". Para ello, utilizó la demagogia más fácil: criticar que los policías coreasen "Toscano dictador" basándose en la actividad antifranquista de nuestro alcalde, como si algo de hace 35 años otorgase patente de corso para los restos de la existencia humana. La excusa de la reivindicación policial local puso a huevo la oportunidad de regalarse oídos y pedir aplausos cada pocos segundos. Faltaban banderas con el puño y la rosa entre el público y dos filas de groupies como fondo de escenario. Por lo demás, como en el velódromo, pero en La Almona.
¿Y nuestro alcalde? Pues igual, pero con un discurso más largo y de tono paternalista. Allí estábamos para lo que estábamos, pero cualquiera que no lo supiese pensaría que se estaba: primero, para dar una rueda de prensa sobre el affaire con la policía local, y segundo, para presentar el programa electoral del PSOE (cosa imposible, porque no tienen).
El resumen de la primera parte de la intervención de Toscano puede ser este: "A por los polis, que son pocos y cobardes". Dijo que él es "el culpable" de lo que está pasando, porque en su día pidió a los trabajadores de la policía (agárrate) "que no me dieran una bofetada en la cara de los nazarenos y nazarenas, poniéndoles multas, sino que fueran directamente contra mí. Y eso es lo que están haciendo ahora". Eso, dicho de otra manera, es dar una bofetada en la cara de cada policía con las manos de los ciudadanos, cosa muy peligrosa y tal vez hábil electoralmente, pero impropia de un gobernante responsable. Auguró que esta situación se mantendrá así hasta las próximas elecciones municipales, en las que "se pondrá a cada uno en su sitio". Afirmó que es legítimo que se pida más dinero y mejoras en las condiciones de trabajo por parte de unas personas "que trabajan 35 horas a la semana, si es que las trabajan". Dijo, continuando con el tema que sacó Villalobos y para quitar hierro al asunto, que él había pasado días en la cárcel cuando algunos de los que estaban manifestándose en la calle aún no habían nacido. Y, en definitiva, dio argumentos más que de sobra para que los periodistas allí presentes no parasen de escribir durante toda su intervención. Y para echar al pueblo encima de los agentes que velan por nuestra seguridad.
Te recuerdo que todo esto lo dijo ante un atril donde él actuaba como institución, es decir, en un acto sufragado con dinero público que él estaba utilizando como altavoz político. Es decir (otra vez), manteniendo una actitud dictatorial, que es lo que acostumbran quienes piensan que pueden hacer y deshacer con lo público como si fuera de su propiedad. Es lo que pasa cuando llevas casi 30 años ganando elecciones por mayoría absoluta: acabas confundiendo la parte con el todo y pensando que ese todo es tuyo.
¿Pero habló Toscano de La Almona? Sí, algo dijo. Fue después de dar un repaso a todos los proyectos que estaban en marcha, o se habían inaugurado ya, o estaban en capilla; después de anunciar que pronto se iba a inaugurar el centro de salud de Montequinto (te recuerdo que la "primera piedra" de este centro se puso hace cuatro años, o sea); después de afirmar que no le gustan las inauguraciones (es verdad, pero también es verdad que va a todas las que se hacen cada cuatro años). De La Almona dijo unas cuantas palabras. Pocas. Tan pocas, que dudo que nadie las recuerde.
Conclusión: que, tras los discursos, Lola y yo decidimos irnos. También decidimos no ir a más actos de este tipo, porque nuestra salud y, sobre todo, nuestra ética nos lo impide. En cuanto al conflicto de marras, ya he opinado aquí varias veces sobre eso. No estamos a favor de unos u otros según intereses partidistas, o pensando en qué nos da más votos, sino según la ideología que defendemos, así de sencillo. Se puede o no estar de acuerdo con las reivindicaciones de los policías locales, muchas de las cuales comparto y creo que tienen solución. El problema no viene de ayer, sino, y no exagero, del siglo pasado. Lo que no se puede es echar alcohol en la hoguera y tensar la cuerda hasta ver por dónde se parte. Y, en último término, repito: ya sé que al gobierno local le encantaría echar a los jugadores, pero lo más acertado, en mi opinión, es deshacerse del cuerpo técnico.
En la presentación de Vórtice faltó gente del ‘stablishment’ local, pero no se la echó de menos. Por una vez, en mucho tiempo, la libertad atravesó Dos Hermanas como un rayo purificador, en un acto donde los aplausos a las palabras de María Asunción Mateo, presidenta de la fundación Rafael Alberti, certificaron la certeza de otra respuesta a otra gran pregunta: ¿Es posible hablar claro, decir lo que se piensa, en unos tiempos donde morderse la lengua hasta sangrarla es la norma de la casa? La viuda de Alberti, además, tuvo la valentía de exponer su brillante intervención apoyándose en textos extraídos de los cuentos de Pepe Cesto, quien, cuando le llegó su turno de intervención, no tuvo más remedio que reconocer "¿Y ahora qué digo yo?".
El viernes día 26, a las 20 horas, en la Casa del Arte (edf. Torrevalme) de Dos Hermanas, tendrá lugar la presentación del nuevo libro del escritor nazareno José Cesto Oliva. La introducción del acto, estará a cargo de la escritora María Asunción Mateo, viuda de Rafael Alberti, y presidenta de su fundación durante diecisiete años.