Sobre la mesa del despacho del ayuntamiento me han dejado un montón (tolete, como se decía antiguamente por aquí) de recortes de periódicos, cartas, convocatorias y publicidad, y hasta un manuscrito de un ciudadano recalcitrante en su descubrimiento de "un prototipo que autónomamente rompe su inercia". No he encontrado, y tampoco me lo esperaba, ni tan siquiera un post-it donde alguien del equipo de gobierno me justificase por qué este mes de enero ha pasado de largo sin pleno municipal, algo que contraviene el reglamento orgánico y de funcionamiento del ayuntamiento y las leyes existentes sobre el tema. No es la primera vez que nuestros gobernantes dejan de convocar un pleno ordinario, que, insisto, es preceptivo por ley, pero sí la primera que lo hacen sin una pírrica llamada telefónica de por medio. Me pregunto si esto de pasarse las cosas por el forro sólo ocurrirá aquí, aparte de en las dictaduras, o si será moneda común en los pueblos y ciudades con mayorías absolutas.
También había sobre la mesa una copia del B.O.P. del 24 de enero, en la que aparecen las declaraciones de bienes de quienes pertenecemos a la Corporación (palabra que suena fatal en los tiempos que corren) y no puedo evitar sonreír al comprobar lo que algunos declaran y lo que otros no declaran. Me río, sí, porque no recuerdo haber visto más tippex y desmemoria en mi vida. Alguien me dijo una vez que si cierto importante mandatario político andaluz, después de tres décadas cobrando una pasta, no tenía más patrimonio y dinero en el banco que lo aparecido en prensa, sólo había dos posibilidades: o se lo gastaba todo en el bingo, o estaba mintiendo como un bellaco. Así que no digo nada, simplemente sonrío…
Pero la sonrisa me dura unos segundos al leer los datos crudos y concretos de algo que ya sabía en sus grandes cifras: el número de desempleados ha crecido un 44,76 % en un año. Repasando los gráficos, hago los cálculos y me quedo atónito y me acuerdo de aquella frase que sonó atronadora (atronadora para mí, porque en los escaños de enfrente bostezaban, miraban sus relojes o llamaban por teléfono) en el pleno de diciembre: que acabaríamos este año con 20.000 personas desempleadas en Dos Hermanas; recuerdo que entonces me pareció una afirmación exagerada, de mal agüero, pero multiplico 12 por 500 (el ritmo de crecimiento del paro de los últimos meses), que sumados a casi 14.000 actuales… son una barbaridad. Por cierto, y hablando de desempleo, algún día, espero equivocarme y que ese día no llegue, explicaré ciertas interioridades sobre el asunto de Cerámicas Bellavista que todavía he (hemos) callado.
Y otro por cierto: qué habrá pasado con esa carta que envié a la prensa local y que aún no se ha publicado…
Mi trabajo actual, hasta que no me asiente por completo, casi no deja resquicio y he llegado a este viernes por la tarde (única tarde que tengo libre) después de una semana sin aparecer por el despacho del ayuntamiento, sin casi haber actualizado este blog y con un buen montón (tolete) de correos electrónicos recibidos con cartas sobre el tema de las corridas de toros. Todos estos correos ya han sido gestionados y enviados por otras personas (gracias) a sus 18 destinatarios del gobierno local; me han comentado que las cuentas de correo del gobierno local se han colapsado durante esta semana (nueva sonrisa, pero esta sin sorna). También he recibido otros correos y mensajes sobre otros temas; la mayoría los he respondido, pero aún me quedan varios pendientes, por lo que pido perdón y paciencia. Entre lo uno y lo otro, he pensado que: uno, voy a poner un día fijo para el chat (ese cuadro que está en la parte superior derecha de la pantalla, que pone "Hablar conmigo"); y dos, que los comentarios que se van dejando en este blog merecen ser puestos en el frontpage. (También estoy rondándole a un tres, ya te contaré.)
Cuento todas estas cosas, tal vez algo deslavazadas, sacadas de anotaciones que he ido haciendo en mi agenda (algunas se quedarán ahí, dormidas) durante los recorridos de ida y vuelta en tren, puestas en fila india como las colas de cita previa en el Hospital de Valme (hoy dos horas, me dicen), entre las últimas lecturas de Murakami y encuentros con amigos a los que no veía desde los tiempos del instituto. Las cuento, además, después de comprobar que en la mesa del despacho hay, aparte de lo dicho hasta aquí, también un trabajo político hecho a conciencia por mi compañera Trini y por otros compañeros y compañeras que están arrimando el hombro; pero arrimando el hombro de verdad, no como los banqueros, a los que el ministro Solbes les pidió que arrimasen el hombro y, en realidad, lo único que están haciendo es arrimar el ascua a sus sardinas.
Los pisos que se ven al fondo son de La Moneda. Ana estaba acostumbrada a verlo frondoso en sus paseos. Ahora lo han dejado así.