Antes de que alguien, en cualquier conversación de cualquiera de las conversaciones que se estén produciendo ahora en cualquier parte del planeta, empiece y termine la típica frase "ay que ver cuánto está cambiando el mundo", se habrá producido un motivo o dos o miles más para hablar de una nueva vuelta de tuerca en el retruécano. Y si alguien en Dos Hermanas, Addis Abeba o el Silycon Valley, inicia un tema de charla acudiendo al cliché, completamente razonado y razonable, de que Mc Donalds hace comida basura, otra persona estará en una cafetería de, pongamos, Cangas de Onís, leyendo en el periódico que esa es la misma Mc Donalds que se ha unido a la Cámara de Comercio de transexuales, bisexuales, gays y lesbianas -que sí, que esas cosas también existen en los USA, lo mismo que existe museos que te explican cómo se creo el mundo en 6 días- y, dependiendo de quién sea esa persona que lee, pensará que vaya basura lo de Mc Donalds por un motivo u otro, por homofobia o por la trágala de los hamburgueseros del imperio con tal de hacer negocio.
El mundo cambia tan rápido que hasta Ana Belén anuncia cosméticos contra el envejecimiento a las 20:15:00 horas de hoy y a las 20:15:20 sale otro anuncio que pone como ejemplo de un mundo dominado por las mujeres a una chica en un descapotable que, en vez de un lector de cedés, tiene una caja de maquillajes. Ya sé, el mundo cambia tan rápido según se mire, o según a secas, como el título del anterior disco de Sr. Chinarro, y a fin de cuentas los cambios a veces no dejan de ser interpretaciones de la realidad; es lo que ocurre cuando lees que el gobierno de España se va a anticipar a la prohibición de fabricación de bombas de racimo y lo primero que debes pensar, o acaso no, es que coño, que tú creías que esas cosas ya no se hacían en nuestro país, y que anunciar que vamos a anticiparnos es una noticia-bomba-de-racimo en sí misma, porque no hay anticipación que valga por el simple hecho de que ya vamos tarde y que tal vez algunos de esos niños o mayores o gente de mediana edad que se ven en las noticias, con sus miembros amputados o medio muertos o definitivamente enterrados, han sido víctimas de una de esas bombas que aún siguen, hasta que nos anticipemos definitivamente, siendo fabricadas en fábricas de la península ibérica. No sé si en Cangas de Onís habrá una; prefiero no saberlo.