Esta carta nos llegó por correo electrónico el mismo día del concierto, enviada desde allí por el padre Jaime, uno de los fundadores del proyecto. Dice así:
Queridos amigos y amigas de Dos Hermanas:
Paz y bien!
Reciban un fuerte abrazo,
A mi nombre y de las personas evacuadas por la erupción del volcán Tungurahua, les envío nuestro cariñoso saludo desde Penipe este querido rincón que se encuentra enmarcado en la Cordillera de los Andes, en alturas que sobrepasan los 3.000 metros sobre el nivel del mar.
En este Pueblo andino hemos tenido la alegre noticia de que hoy se realizará un concierto para desarrollar una importante actividad productiva, agrícola y artesanal, con la que buscaremos generar fuentes de trabajo para nuestra población que desde hace cerca de 8 años viene siendo afectada por la erupción del volcán Tungurahua, que no nos da tregua y que ha causado mucho desastre y dolor en nuestras poblaciones, pero también que ha despertado y promovido la solidaridad de personas generosas como ustedes
Tenemos algunas poblaciones evacuadas, la situación para nosotros es difícil pero qué bueno, que en momentos como éste, podamos contar con un pueblo hermano y solidario en Dos Hermanas, que tuve la oportunidad de conocer el año pasado y en el que ustedes me hicieron sentir uno más de su comunidad.
Los admiro y en nombre de mi comunidad, les agradecemos por su solidaridad con nosotros.
Una vez más gracias y que Dios les pague por su solidaridad.

Mereció la pena. Ya sé que hubo algunos errores, que en nuestra actuación pagamos la novatada (la mía, al menos) y las premuras (no hay nada más chungo que hacer cosas que requieren su tiempo cuando lo que no tienes, precisamente, es tiempo), pero lo que se montó en la caseta de CC.OO. fue, y no lo digo yo, lo más grande que ha visto la música local en su historia. Y se recaudaron más de 2.700 euros, que no es moco de pavo.
Y la gente respondió. Gente muy variopinta: jóvenes de la movida de aquí (que nadie me diga, a partir de ahora, que en este pueblo grande la juventud no responde cuando se organiza algo en condiciones), gente curiosa (desde arquitectos de renombre hasta poderes fácticos de la política) y, sobre todo, mucha mano voluntaria, de la que me personalmente me siento orgulloso de conocer. Porque, a pesar de mi fachada discreta y comedida, me costó mucho contener las emociones cada vez que miraba hacia el otro lado de la barra del bar y veía a mis camaradas, mis hermanas y hermanos, echando el resto por una causa que está fuera de sus ojos y sus manos, que vive al otro lado del mundo.
Y luego, los grupos. Al final de las actuaciones, a eso de las 5 de la madrugada, uno de los músicos me dijo que si hubiera habido más, se habría aguantado más. De hecho, cuando salimos de la caseta, aún quedaron ganas para darle un rato a la guitarra. Con un sonido y un juego de luces inusual en este tipo de eventos (Berlanga for ever) y unos chavales que supieron aprovecharlo al máximo, todos los que estábamos en la cosa nos quedamos boquiabiertos al ver la reacción y el ambiente que allí se respiró durante más de 6 horas. Se acabaron las bebidas y la comida, pero no las ganas.
Y por último, las coincidencias. Un político de gran poder en el ayuntamiento, una amiga del público y un músico coincidiendo en la misma frase, pero con muy diferentes razones: esto hay que repetirlo. El primero, por necesidad de ofrecer alternativas al botellón (o sea, que está en sus manos). La segunda, por necesidad de vivir algo diferente en esta ciudad cainita y aburrida. Y el tercero, por la necesidad de tener una vía de escape a sus inquietudes, es decir, por el puro y simple hecho de disfrutar de lo que te gusta. Esto último, siendo gratis, no tiene precio.
Lo dicho: mereció la pena. Seguro que, en Riobamba, a esa misma hora, alguien a quien no conocemos y alguien que no nos conoce, tal vez uno de esos discapacitados que van a recibir esa pequeña señal de solidaridad, habrá sonreído de repente, como quien no quiere la cosa, sin saber bien el motivo.
(Pulsa aquí para ver la crónica del concierto en www.lasemana.eu)
Tocadiscos: Charlotte Gainsbourg – The song that we sing. Una de las recientes canciones de la hija del gran Serge. De su excelente disco "5:55". Pulsa aquí para verla, oírla y disfrutarla.