Efecto dominó

Hay una web que encuentran las palabras que nacieron el mismo año que tú (en inglés). De entre ellas, en mi año (1966) están “Afro”, “Acid Rock”, “Art Déco” “Groupie” o “Efecto dominó”.

Hoy he recibido una fotografía conmovedora del pozo donde unos falangistas asesinos arrojaron los cadáveres de cinco mujeres fontaniegas en la finca El Aguaucho. La he visto después de acompañar a Marea Blanca en la entrega de las firmas y los acuerdos plenarios en el Registro del Parlamento de Andalucía. No he podido evitar subirla aquí para encabezar este post.

Las demandas de Marea Blanca son de absoluta justicia para la clase trabajadora: contra los recortes en la Sanidad Pública Andaluza, por la reducción de las listas de espera, la recuperación para lo público del antiguo hospital militar, la solución a los problemas de saturación en las Urgencias y la mejora de la Atención Primaria. Por eso es muy importante llenar las calles el próximo sábado.

Las movilizaciones en defensa de la sanidad, de las pensiones dignas, de una educación en condiciones para nuestras hijas e hijos, prestadas desde lo público, son imprescindibles para la construcción de una verdadera alternativa económica y legislativa. Si no queremos que nos roben el futuro, tenemos que conseguir aunar todas las mareas y ponerlas juntas, lograr con ellas un verdadero efecto dominó que acabe derrotando a quienes arrasan este país a base de escarmiento a las personas más vulnerables, abriendo de par en par las puertas de la privatización de derechos, convirtiendo en mercancía lo más elemental de la vida de las personas.

Pobreza en Andalucía: La lupa miope

Mientras gobiernos y noticiarios abren portadas con Cataluña, la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN) advierte que “La pobreza existe y en nuestro país forma parte de la vida cotidiana de millones de personas”. Una frase demoledora, nada más comenzar el Informe 2017 de EAPN, subtitulado La Pobreza con Mayúsculas.

Mientras Susana Díaz baja impuestos a quienes tienen de sobra para pagarlos y más, el 41,7 % de la población de Andalucía está en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el año 2016. Eso significa que, en términos absolutos, un total de 3.497.841 personas residentes en Andalucía tienen ingresos por unidad de consumo inferiores al 60% de la renta mediana disponible.

Mientras PSOE, PP y Ciudadanos rechazan la rebaja de dietas para los diputados y diputadas de nuestro Parlamento andaluz, el 57,6 % de las pensiones que reciben las personas mayores de Andalucía está por debajo del umbral de pobreza y el 11,6 %  por debajo del umbral de pobreza severa (ingresos inferiores a 4.104 € al año, es decir, 342 € mensuales).

“El desarrollo desarrolla desigualdad”, dice Galeano. Mientras Rajoy y la Junta nos hablan de macroeconomía y de subida del PIB en nuestro país, el crecimiento de la riqueza en Andalucía sigue sin corregir las desigualdades; de hecho, está sucediendo todo lo contrario: se han incrementado. La evidencia señala que “esa mejora en la producción no está beneficiando a las capas más vulnerables de la sociedad”, por lo que “no se está redistribuyendo de forma eficiente”. Conclusión: por muy manida que suene la frase, lo cierto es que en Andalucía “Hay ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres”. Lo dice el Informe, no yo.

En comparación con el resto del Estado estamos igual o peor. Mientras que la renta media por persona en España en 2016 es de 10.708€, en Andalucía es de 8.398€. Esto supone una media de 2.310€ menos por cada ciudadano/a. Por si no fuera poco, la crisis no ha afectado por igual a todo el territorio nacional: desde 2009 en España la renta media por persona ha descendido en 610€. En el mismo período cada andaluz/a ha perdido de media 1.008€. No sólo ganamos menos, también perdemos más.

Prácticamente la mitad de las personas en paro en Andalucía están en riesgo de pobreza (45.4%) frente a un 37.4% de la población española. Hablamos de una diferencia de un 8%. Pero es que, además, el Informe deja claro que “un empleo remunerado no asegura una vida digna ni evita que se esté en riesgo de pobreza. La crisis ha puesto de manifiesto el fenómeno de los trabajadores y trabajadoras pobres, que aunque realicen una actividad laboral remunerada no les permite mantener unos estándares de vida digna”.

Otro dato demoledor: un 33.11% de la población menor de 16 años está en riesgo de pobreza y exclusión social. Acertaba Saramago cuando afirmaba: “No sólo hay desigualdad en la distribución de la riqueza, sino en la satisfacción de las necesidades básicas”. Lamentablemente, EAPN recoge que “la gratuidad de la educación en España no garantiza el ejercicio real del derecho de los niños y niñas en situación de exclusión social”. En Andalucía hay casi un 60% más de posibilidades de caer en el riesgo de la pobreza con estudios primarios o secundarios que con formación superior, y más de un 40% de las personas con formación secundaria (primera etapa) está en riesgo de exclusión.

Mientras te piden que firmes contra el Impuesto de Sucesiones por la calle, para muchas familias andaluzas, el pago de la hipoteca o alquiler, mantenimiento, luz, agua, calefacción o aire acondicionado para mantener el hogar a una temperatura adecuada, etc., son imposibles de asumir, una cifra que aumenta cuando hablamos de afrontar gastos inesperados al que muchos andaluces y andaluzas no pueden responder.
En este sentido, más de la mitad de los hogares andaluces (52,4%) afirma no poder hacer frente con esos gastos. Casi tres mil familias han sufrido desalojos por impago de hipotecas o alquileres en el año pasado.

Mientras en las tertulias, los barrios, los bares… sigamos poniendo el árbol de Cataluña delante de nuestros ojos, estaremos ocultando el verdadero bosque de la pobreza en la trastienda del sur de Europa. Mirando con lupa miope lo que sucede en el pueblo de al lado; incluso, tú bien lo sabes, en la casa de al lado; es más, tal vez, en nuestra propia casa: cuestión estadística.

Piezas de recambio

Casi batido el récord: de cinco citas, sólo llegas tarde a la última. Conexión Dos Hermanas-Antequera-ITV-Sede-Mercado del Arenal-Sede-Dos Hermanas. Las nubes se derraman por el Torcal hasta desvanecerse, dos tiques de zona azul y uno de aparcamiento subterráneo, un bocadillo de tortilla en el coche,  600 fotocopias para Marea Blanca, demasiada cafeína en el torrente sanguíneo, trescientos mil millones de mensajes en lista de respuesta y otros tantos mal respondidos con cuatro monosílabos, una hoja “Despiértate a las 7” y un dibujo infantil al llegar a casa.

Al final, las pequeñas cosas, los detalles del día, hacen que el mundo siga rodando, como las piezas de recambio. Lo cotidiano es la conjura de los silencios.

Complejo de minoría

Hubo una encuesta en la que el 80 por ciento de las personas afirmaban que conducían el coche mejor que la media, algo que es matemáticamente imposible. En el lado opuesto, otra encuesta dio como resultado que las personas con un mayor coeficiente de inteligencia dudaban mucho más de sus capacidades que quienes tenían un coeficiente menor.

En la izquierda alternativa al pensamiento único existe muchas veces un sentimiento de inferioridad que en política podría denominarse “complejo de minoría”. En no pocas ocasiones, asumir ese papel de Pepito Grillo en nombre de las minorías desvalidas, perseguidas, que en realidad ¡representa a las mayorías!, se convierte en una zona de confort, una envolvente protectora, el medio cascarón que cuidaba de Calimero, aquel Pollo negro que sufría porque el Pato verde le había robado la personalidad, y por eso se sentía muy triste.

Este espacio de autenticidad es cool y permite conservar las esencias intactas, pero, salvo excepciones, es poco útil, acaba generando frustración y, peor aún, invita al síndrome de Fausto.

La pregunta es ¿Se puede tener voluntad de cambio sin voluntad de mayoría?

‘El revolucionario debe ser capaz de oír la hierba crecer’, escribió Marx. No hace falta recordar el 15M. Desde nuestro Estocolmo particular, podemos conformarnos con escuchar el paso de los trenes o subirnos a ellos y generar dialéctica al mismo tiempo que complicidad. Podemos ser como la insólita protagonista de la ópera “El caso Makropoulos”, una cantante de 337 años que alcanzó la inmortalidad a costa de ser “fría como el hielo”, o entender que las rosas, las mareas o las camisetas blancas o rojas son ideológicas cuando se convierten en símbolos de lucha frente al poder. No se trata de traicionar nada, sino de saber leer las necesidades, que son nuestras en cuanto lo son del Pueblo. Que las olas que golpean las ciudades no nos pille preparando la revolución en la playa, solas y solos alrededor de la hoguera.

Vanguardia

He aquí uno de esos momentos de la Historia que me habría gustado presenciar. Lo cuenta Josep Fontana en El siglo de la Revolución (Ed. Crítica, 2017).

En Zurich se podía encontrar en 1916 a los exiliados bolcheviques (que, con Lenin a la cabeza, preparaban la revolución), a James Joyce (que estaba escribiendo Ulises en medio de la mayor pobreza) y a un grupo de artistas -Hugo Ball, Hans Arp, Tristan Tzara…-, que fundaron el Cabaret Voltaire, en la misma calle en que vivía Lenin, y un movimiento que se llamaría Dadá: un movimiento de revuelta contra la sociedad existente. Pronto se dieron cuenta de que lo que hacían era también una misa de réquiem por el viejo mundo. Como diría Hugo Ball, “cada palabra que se pronuncia y se canta aquí expresa por lo menos una cosa: que está época humillante no ha logrado ganarse nuestro respeto”.