Todos los derechos para todas las personas

 

Pocas veces salimos a la calle para reivindicar tanto que se cumple tan poco. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es, como la Constitución o la mayoría de los textos legales que certifican conquistas sociales y políticas de las clases populares, un documento escrito para tapar las vergüenzas de gobiernos sin escrúpulos, papel mojado que se utiliza como arma arrojadiza a conveniencia.

En Sevilla nos hemos manifestado junto a colectivos que luchan a diario frente a quienes utilizan las palabras “derechos humanos” en sus discursos institucionales con la misma ligereza que los ignoran. Gritar “Ningún ser humano es ilegal”,  “Stop Racismo y Xenofobia”, “Pan, Trabajo y Techo”, contra los recortes en sanidad, educación y servicios sociales, por una Renta Básica Universal, “Nos Queremos Vivas”, “Sáhara Libre”, a favor de Palestina… es sonrojar las políticas de la Unión Europea, de Rajoy, de Susana Díaz y, en el caso de Sevilla, del propio Juan Espadas.

El único artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se cumple y santifica es el 17.1. (“Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente”). Este artículo, como el 135 de la Constitución española, es la cúspide del qué hacer del sistema. Por eso, todas las pancartas y consignas de hoy no han salido para celebrar el 10 de diciembre de 1948 en París, sino para exigir el cumplimiento íntegro de unos derechos que deberían ser inherentes al ser humano, en todas las partes del mundo, para todas las personas, en absoluta igualdad.

Dramatis personae: El senador al que dios habló

Este hombre con pinta de actor de telefilm setentero es (fue) Jeremiah Denton. Todas las biografías, artículos y obituarios que circulan en las redes sobre él hablan de su heroísmo y resistencia tras pasar 8 años como prisionero de guerra en Vietnam del Norte.

Según publicó El Mundo cuando falleció, “Denton alcanzó fama mundial con una entrevista preparada por los vietnamitas del norte, en la que, al tiempo que decía a su entrevistador que era tratado adecuadamente parpadeaba en código morse la palabra ‘tortura'” .

Lo que te costará trabajo encontrar es que afirmó que, en sus años de cautiverio, dios le hablaba y le había escogido para combatir a los enemigos de la civilización norteamericana. Durante la presidencia de Ronald Reagan, esa voz divina le llevó, como presidente del Subcomité del Senado sobre Seguridad y Terrorismo, no sólo a sospechar de todos los movimientos antibelicistas y antinucleares, sino a pensar que la propia ONU “estaba bajo un creciente control del KGB” soviético.

Según el historiador Josep Fontana, personajes como Jeremiah Denton contribuyeron, durante la década de los ochenta del siglo pasado, a difundir “la creencia de que había en el mundo una amplia conspiración terrorista alimentada y armada por Moscú”. Más de 50 operaciones encubiertas y guerras sucias auspiciadas o provocadas por la CIA, la mitad de ellas en América Latina, fueron la consecuencia de esta “siniestra obsesión”.

Dependencia

Herbert Marcuse teorizó en El hombre unidimensional la decadencia del potencial revolucionario en las sociedades capitalistas, donde una organización aparentemente tolerante había creado nuevas formas de control social que conseguían desmovilizar a la clase obrera, estimulando su afán de consumo y facilitando que se integrara plenamente. Las capas medias de la población y los niveles superiores de los trabajadores se adaptaron a un sistema que les ofrecía la posibilidad de poseer bienes y servicios que antes estaban reservados a los ricos.

Un aspecto importante del nuevo consumismo era que se basaba en el crédito: en la hipoteca para la adquisición de la vivienda y en la tarjeta de crédito para el consumo ordinario. Y el crédito era un factor que aseguraba la continuidad de la dependencia.

Josep Fontana, El siglo de la Revolución, págs. 376-377.

Aquí unas cuantas fotos de la semana:

(Imagen: Nighthawks. Edward Hopper by Art-Sheep, 2016).

Recopilando

Ha finalizado una semana en la que nos hemos querido volcar con el Día Contra la Violencia Machista, como ya hicimos el año pasado y como corresponde a una organización política que tiene en el feminismo uno de sus principios identitarios. La colaboración de nuestra militancia ha sido fundamental a la hora de poner cariño a esta reivindicación.

Este domingo hemos estado apoyando a las trabajadoras de Ayuda a Domicilio en Espartinas, 16 mujeres contratadas a razón de dos horas diarias por un servicio público que el ayuntamiento (único con gobierno de Ciudadanos en la provincia) pretende privatizar.

Aquí tienes un resumen fotográfico de la semana:

La semana que entra tocará Sevilla (lunes), El Viso del Alcor (martes), dos tardes en Albaida del Aljarafe (miércoles y jueves) y Congreso del PCE en Madrid (viernes y sábado).

25N: A la calle contra las violencias machistas

Cuando los informativos hablan de una mujer asesinada por su marido o pareja, la cultura social tiende a identificar el problema de la violencia de género como algo que sucede en el entorno familiar. Pero culminar un acto entre las cuatro paredes del lugar del crimen no significa que sea allí donde nació. El crimen machista es la consecuencia privada y más denigrante de una conciencia colectiva que lleva inoculado históricamente el germen del patriarcado.

Nada es inocente en ese dominio: ni los chistes de las secretarias, ni los anuncios de detergentes, ni el tuit de García Albiol sobre la lavadora de su mujer. Igual sucede con la homofobia, sobre todo en los hombres, o el racismo y la xenofobia, tan entroncados todos con el clasismo (un futbolista africano es admirado, un albañil africano viene a quitarnos el trabajo).

Por esa raigambre que llevamos desde hace siglos, la violencia machista no se erradica sólo con medidas orientadas al ámbito doméstico, sino haciendo frente a las estructuras patriarcales incrustadas en la sociedad. Y para ello es fundamental hacer políticas de prevención, sensibilización y detección, que engloben la violencia contra las mujeres de forma integral, que partan del origen estructural de la violencia y que sean capaces de detectar las diferentes formas de expresión de la violencia machista. Que un presentador de televisión haya metido la pata a raíz del juicio a esos chusmas que se hacen llamar La Manada, es un ejemplo de hasta dónde nos traiciona el in-consciente.

El patriarcado genera supremacía por sistema. Cuando una mujer trabaja gratis 58 días al año, se está condicionando su autonomía económica para mantenerla subordinada. Desde el “mujer tenías que ser” cuando se comete un error conduciendo el coche, hasta la catalogación de mujeriego/pichabrava/donjuan frente a puta/calientapollas/mujerzuela, pasando por la cantinela del “sexo débil” o el lenguaje de ciertos youtubers, el machismo no sólo es un problema entre un hombre y una mujer: es una cuestión de Estado, de modelo económico, de convicciones religiosas… en definitiva, de desigualdades socioculturales. El machismo mata porque es un rasgo definitorio de una sociedad que favorece las diferencias. Una sociedad sin clases no necesariamente acabaría con el machismo, pero al revés, sin duda, lo alimenta.

Este sábado salimos a la calle a gritar contra las violencias hacia las mujeres. En la manifestación de Sevilla, que sale de Plaza Nueva a las 12,30 h., en IU Sevilla llevaremos una pancarta con el mensaje: Frente a la violencia patriarcal, Igualdad radical. Te animo a acompañarnos.