24.11.2020

Arquitectura y moralidad

Resulta que no necesitamos un estadio para aplaudir, que nos vale con una plaza, una calle, unas ventanas de bloque de pisos vpo, balcones o azoteas, comunismo de palmas en plena distancia social, sin distinción de sexo ni raza ni creencias ni edad… al final, cada cual aplaude desde dentro de sí con lo que le venga en gana, incluso la sirena del vehículo de emergencias que pasa, el altavoz para la ocasión sobre el pollete, entre los geranios y la planta aloe vera, la marcha de la hermandad que no hará la procesión este año, la saeta que no se agarrará a la reja, la Internacional que nunca debió olvidarse, el himno de Riego para el preoparao o el de Blas Infante o el de la legión si cabe, que a estas alturas necesitamos muchas manos pero solo un corazón, nos podemos llenar de exquisiteces pero ya sabemos que hay mucha -pero mucha- gente que se ha dado cuenta de que la sanidad pública vale un potosí que no se paga con recortes ni privatizaciones ni fake news en los grupos de whatsapp.

Desde mi ventana se oyen aplausos de campo de fútbol en día de derby, pero la plaza se desnuda desierta ante mis ojos hipermétropes, salvo alguna cosa, salvo unos perros tirando de un ser humano, salvo el taxista de guardia, salvo el cercanías patinando el lienzo por debajo de las nubes, salvo los guiños de los semáforos y ese foco que no acaba de arrancar la oscuridad del escenario central que tanto disgusta a Chary pero que a mí, sea por la fuerza de la costumbre o por la fuerza de la amistad o por la pérdida de fuelle en según qué rimas y leyendas, me parece mucho más digno que la mayoría de esas obras de arquitectura brutalista que se ven por ahí, y eso sin hablar de mercados de abastos desbaratados o haciendas que ni llegaron a tiempo.

El Arenal, lleno de aplausos pero sin un alma, está más bonito que nunca debajo de esas nubes azuladas de las 8 de la tarde. Toda la gente a la que no veo está ahí, mucho más auténticamente ahí que en sus mensajes de las redes sociales. Cuando salgamos a celebrarlo, seguramente tampoco habremos hecho esa revolución pendiente, pero a día de hoy hemos estado más cerca que nunca y quién sabe.

Me asomo a la ventana / eres la chica de ayer

PD: He encontrado en Spotify una maravilla titulada (traducida del inglés) “Trabajar desde casa con música de piano”, que contiene más de 350 piezas de Debussy, Satie y Ravel. He buscado en internet ese título -tan sugerente para estos tiempos del cólera- y la conclusión que me ha atravesado la cabeza es que el gigante sueco de la música on line es el más listo a la hora de analizar a quienes, según para qué, preferimos la imaginación a la verdad.