02.12.2021

Antes de comprar en Amazon, piensa en lo que te están vendiendo

Amazon

Hoy me he levantado mascullando la expresión «capitalismo cognitivo», así que, camino de la sede, le he escrito a Paco Sierra (que está por las italias), quien me ha recomendado ‘Bioeconomía y Capitalismo Cognitivo’, que se puede descargar aquí. Al llegar a la sede de Donantes, veo que nos han dejado un regalo (en la fachada), y además el aire acondicionado no funciona (no establezco relación, solo certifico ambos hechos). Allí, junto a Fran Gª Parejo, nos hemos reunido con extrabajadores de Amazon, despedidos por persecución sindical.

Las anotaciones de mi cuaderno no son capaces de reflejar las sensaciones que dejaron Pedro y Daniel sobre su día a día en aquella plataforma de 1.500 personas sometidas a un «gobierno tecnológico» donde la «media» (ritmo de faena por el que se valora lo que produce cada individuo) debe ser «del mil por ciento durante los cinco primeros meses» si quieres «subir de categoría»; donde se aplica un neolenguaje para definir a cada puesto de trabajo, de tal forma que cuando entras allí «todo empieza a cambiar en tu vida: a partir de entonces ya dependes de Amazon, eres un algoritmo de Amazon, vives a la velocidad de Amazon (pero sin correr, ¿eh?), cada cual cuida sus espaldas para competir con el resto…». El futuro distópico ya está aquí.

Pedro y Daniel tenían contrato indefinido, pero fueron despedidos en cuanto alguien se enteró de que querían montar una sección sindical. El acto de conciliación será el próximo 5 de agosto. Han recibido el apoyo no solo de CC.OO, sino de la Confederación Europea de Sindicatos. Por su situación se han interesado muchos medios, incluso extranjeros, a los que han concedido entrevistas que verán la luz en próximos días.

Ya no solo es que se está destruyendo empleo en tu barrio o en tu pueblo. Ya no solo es que muchos de sus productos vienen de países que los fabrican con mano de obra esclava. Es que un gigante económico se instala en tu país, las administraciones le regalan el suelo, los impuestos los tributa en paraísos fiscales y, lo que faltaba, no tienen el menor reparo en incumplir nuestras leyes y derechos laborales y sindicales. Ni siquiera la insignia alada de su presidente es verdadera.