04.12.2020

Ana Karenina en reposo

Tolstoi, Ana Karenina, Levin, Dostoievski: personajes, ficción, realidad

En agosto se pueden leer cien páginas de un libro de setecientas, haciendo anotaciones, reflexionando sobre algunos planteamientos de sus personajes o del narrador, buscando en internet las ubicaciones en donde transcurre la historia y recabando información sobre los acontecimientos de la vida real que se citan o forman parte del escenario de la trama.

En Ana Karenina he recorrido las avenidas de Moscú y San Petersburgo, pero también he visitado Vosdvizhenskoye y Gvodevo y Porkóvskoye. He indagado sobre la causa común de los pueblos eslavos, la abolición de la servidumbre, los mujiks, Herbert Spencer…

(Intercambio de opiniones entre Levin y Sviajsky sobre la educación).

-¿De qué pueden servir las escuelas? (Levin es partidario de «poner remedio a la causa de la miseria del pueblo»).

-Despertarán en el pueblo necesidades nuevas.

-Pero es tan incomprensible que las escuelas puedan ayudar al pueblo en su incultura y en su miseria como lo es que ayude a curar la tos ferina la pértiga del gallinero. Hay que poner remedio a la causa de la miseria del pueblo.

-En eso, al menos, coincide usted con Spencer, que tan poco le gusta. También él dice que la cultura puede ser el resultado del bienestar, de las comodidades de la vida y de los frecuentes baños; pero nunca de saber leer y contar…

-Pues bien: me alegra mucho o, mejor dicho, lamento coincidir con Spencer; hace mucho que sé esto. Las escuelas no ayudarán en nada y sólo serán útiles cuando exista una economía que permita al pueblo ser más rico y tener más tiempo libre.

-Sin embargo, ahora, en toda Europa la enseñanza es obligatoria.

-¿Está usted de acuerdo en eso con Spencer? -preguntó Levin.

También he reconocido, como nunca hasta ahora, la importancia de las traducciones. Sobre Ana Karenina se han publicado varias versiones en castellano. En casa tengo dos; mira como traduce una de ellas (la de Irene y Laura Andresco) las primeras frases de la Quinta Parte:

La princesa Scherbatskaia consideraba imposible celebrar la boda antes de Cuaresma, para la que sólo faltaban cinco semanas, y porque la mitad del ajuar que necesitaba imprescindiblemente Kitty no podía estar dispuesto para entonces.

Y aquí la versión de L. Sureda y A. Santiago:

La princesa Sherbazki creía imposible celebrar el matrimonio antes de la Cuaresma a causa del ajuar, cuya mitad apenas podía estar terminado para entonces, es decir, en cinco semanas.

Estos detalles los cuento porque todo el mundo sabe de qué va Ana Karenina, bien porque ha leído la novela, bien por haber visto alguna de las varias películas (la última de este mismo año). Es probable que yo haya visto alguna, aunque no lo recuerdo. Entiendo que quienes solo la hayan visto en pantalla deben tener una idea algo distorsionada de la historia, a no ser que las imágenes y trailers que circulan por las redes sociales estén demasiado decantadas hacia la cuestión romántica de la obra.

Dicen que cuando Dostoievski terminó de leer Ana Karenina salió a la calle a gritar que Tolstoi era dios. En mi opinión, lo que la convierte en obra maestra es su capacidad para reflejar minuciosamente todas las aristas de una clase social y de su contexto (histórico, geográfico, jurídico, religioso…), y de hacerlo por causa y consecuencia de un adulterio en la Rusia de finales del XIX. Eso justifica el título de un relato en donde hay personajes tan desarrollados (o quizá más: Levin) como quienes forman parte del triángulo de amor y odio que forman Ana, su amante y su marido.    

En otros tiempos, cuando procuraba hacer el bien, un bien para la Humanidad, para Rusia, para el pueblo, sentía que aquella idea le agradaba; pero la actividad misma le resultaba siempre incoherente, no estaba plenamente convencido de que la obra fuese imprescindible, y lo que al principio le parecía tan magno, iba empequeñeciendo hasta el punto de desaparecer.

Al acabar Ana Karenina, Marisol me preguntó si iba a por otro libro o iba a dejar reposar lo leído. Ella sabe que pasa igual que cuando vas a ver una película potente al cine y a la vuelta te quedas en silencio durante todo el trayecto a casa: ya no estás en la sala, pero aún no te has ido de la vida que has vivido dentro de la proyección. En esas andamos.

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