Adiós, Martín

Martín, en Martín (Hache).

Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. ¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués. Una estadística, un número sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos, y eso sí se extraña, pero se pasa.

Martín (Hache) es una de esas películas que te marcan en la vida, como la Trilogía de Kieslowski, Film Socialisme de Godard o, por ponernos menos estupendos, Amanece que no es poco. Por sus diálogos, por la belleza total de Cecilia Rot, por el descaro del personaje que interpreta Eusebio Poncela y, sobre todo, por Federico Luppi.

Descansa en paz.

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