30.09.2020

A la orilla del final de agosto

En un cuadernito donde apunto todas las cosas trascendentales de mi vida, he escrito esta enseñanza de agosto:

Aprender a mirar desde arriba
No encima: a la orilla

Los expertos dice que es imprescindible desenchufar, pero sigues viviendo en el mundo. La broma política es que la gente sonríe más por la calle desde que Rivera y Arrimadas fueron engullidos por las vacaciones de agosto (que nadie se confíe: igual las han pasado en una war room).

Efectivamente, agosto se va despidiendo. Tan sólo ha habido unos días, que se pueden contar con los dedos de una mano, en los que he sentido algo parecido a la desconexión (me di cuenta una mañana en que comprobé que hacía casi una semana que nadie me había llamado por teléfono), pero lo cierto es que el cuerpo está descansado, las brasas han desaparecido de mi cabeza (y de mi estómago) y mis pulmones notan el aire limpio cuando respiro.  

No recuerdo haber sufrido síndrome post-vacacional en mi vida laboral (y algunos empleos lo merecieron); he sufrido mucho más cuando he estado en el paro. La sensación habitual, la de ahora por ejemplo, es más parecida a la de cuando era niño y estaba apunto de empezar el colegio: ganas de volver veteada de melancolía estilo «canción del fin del verano».

(Hubo un tiempo en que Danza Invisible quiso ser como Simple Minds)

Sea como fuere, el lunes vuelvo formalmente a la actividad política. A primera hora estaré con los trabajadores y trabajadoras de IU para contarnos y darnos abrazos de bienvenida, y luego nos veremos la gente de la dirección de IU Sevilla en Diputación para desgranar la agenda más inmediata y explicar (trampas que uno hace) la propuesta de plan de trabajo que he venido preparando durante este mes de agosto.

El mundo antiguo no estaba compuesto por hombres y mujeres, sino por hombres-hombres, hombres-mujeres y mujeres-mujeres. Es decir, que un ser humano comprendía dos personas de ahora. Y así vivían todos satisfechos y felices. Sin embargo, los dioses los partieron a todos con un cuchillo por la mitad. De un corte limpio. Como resultado, el mundo se dividió en hombres y mujeres, y desde entonces los seres humanos van corriendo desesperados de un lado para otro buscando la mitad que les falta.

Haruki Murakami, ‘Kafka en la orilla’

Hoy mi hijo se ha sorprendido al saber que una persona, por muy mayor y por mucho que haya aprendido que sea, no puede acumular toda la sabiduría del mundo. Le puse como ejemplo de sabio a José Saramago: le hablé de su Premio Nobel, de su origen humilde, de Lanzarote, de Pilar del Río, y le mostré los libros suyos que tenemos en casa. Mientras le explicaba, y veía su interés y cierto asombro, me daba cuenta de que mi hijo estaba conociendo la existencia de Saramago por primera vez en su vida. No hace falta describir la emoción de momentos con este, seguramente tú también la habrás vivido en más de una ocasión.