A casa por vacaciones

Con una determinada actitud: la de mirar (y mirarme) desde otro lugar, como dicen que hace la publicidad de una marca de productos de belleza, intentando volver a lo que soy sin el despiste de lo que la erosión va desgastando. Bienvenido al hogar.

Disciplina terapéutica: dormir y descansar, desayuno en familia, un sillón para leer (lo de ahora:  El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010), de Selina Todd, Ed. Akal, Madrid, 2018), unos auriculares para escuchar (y -me) (lo último: Bach à la Jazz, de la colección Bach 333) y mucho cuidado personal, eliminación de toxinas, respiro, incluso al detalle de lo físico, los ojos y las manos, y la puesta a punto del cerebro; versión arenal original del personaje de ‘Oscuro affaire’ («iré cerca del mar, vestiré como un dandy, daré largos paseos, pensaré en los detalles de mi próximo plan») pero si acaso el mar de la tranquilidad de la luna de agosto (y el plan: de acción del próximo curso politico).

Y la noche, a veces al calor del amor en un bar, pero siempre al calor del amor de la familia casi abandonada once meses de doce.

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